Rosa Muñoz Bermúdez

hace 2 años · 3 min. de lectura · visibility ~10 ·

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El peso de la experiencia

En abril de 1999 comencé a trabajar como monitora de campamento. Mi experiencia con niños hasta la fecha era escasa y ninguna en un ámbito lúdico. Además, en mi entorno personal no había niños. Así que empecé de cero en un sector desconocido. Pero alguien confió en mí y me dio esa oportunidad. A día de hoy, veinte años más tarde, aquellos niños con los que trabajé, hoy en su treintena, aún me escriben por Facebook, contentos de encontrarme, para recordarme los buenos ratos que pasamos entonces y alabar mi trabajo.

En abril de 2002 empecé a trabajar en Inglaterra como camarera en el restaurante de un hotel. Mi inglés era escaso, jamás había cogido una bandeja ni servido comida, nunca había trabajado atendiendo al cliente ni tratado con el tipo de personas que conformaban la clientela del hotel (personas de negocios). Pero alguien confió en mí y me dio esa oportunidad. Poco tiempo después mi inglés había mejorado, era de las camareras que mejor servían las mesas y lo que aprendí sobre cómo atender al cliente lo guardo hoy como un tesoro que me ha ido siendo útil en mis trabajos posteriores.

En agosto de 2003 comencé a trabajar de teleoperadora. Jamás había cogido un teléfono para una llamada que no fuera de tipo personal, nunca había registrado mi trabajo sobre la marcha en un CRM ni había reclamado deudas a morosos. No sabía si sabría hacerlo, pero, de nuevo, alguien confió en mí y me dio esa oportunidad. Hoy aún mis compañeros se sorprenden ante mi forma de atender a los clientes por teléfono, por mi paciencia, por saber transmitir cordialidad y por gestionar con habilidad cualquier problema que se plantee.

En abril de 2004 puse de nuevo rumbo a Inglaterra. Tras un breve trabajo como camarera, encontré un puesto como recepcionista de hotel. Me aterraba la idea de estar sola tras un mostrador atendiendo a personas que no hablaban mi idioma, o coger el teléfono respondiendo en inglés sin saber si entendería a mi interlocutor. Pero alguien derribó mis barreras confiando en mi y brindándome esa nueva oportunidad. Fue el trabajo con el que más he disfrutado en mi vida y del que mejor feedback directo he recibido.

En marzo de 2005 me llamaron para trabajar como tutora de un curso. ¿Qué experiencia tenía en el sector? Ninguna, pero justo un año antes yo había realizado el mismo curso como alumna y alguien entendió que ya sabía la mitad de lo que tenía que saber para hacer mi trabajo, con lo que confió en mí y me dio esa oportunidad. Ese momento, y tres cursos impartidos, hizo que mi carrera se orientase hacia la formación no reglada, donde sigo a día de hoy.

En mayo de 2006 entré a trabajar en una empresa donde buscaban licenciados en Psicología para redactar contenidos relacionados con los recursos humanos. Yo era psicóloga y se me daba bien escribir, pero nunca había trabajado como redactora y mi manejo de Word (hoy me doy cuenta de ello) era básico. No obstante, alguien confió en mí y me contrató. A lo largo de diez años en la empresa, mis habilidades redactando y utilizando Word se incrementaron notablemente. Y no solo eso, sino que también me fueron asignando otras tareas que nunca antes había hecho: dar clases (qué miedo la primera vez que te enfrentas sola a una clase), redactar proyectos formativos y licitaciones, corregir la redacción de la documentación de la empresa, formar al personal en prácticas, hacer diseño instruccional y subir contenidos a plataformas, realizar la orientación laboral de los alumnos, etc. Todo era nuevo. Pero alguien me enseñó y todo lo supe hacer. 

En mayo de 2017 empecé a trabajar como asesora pedagógica. Algunas de las tareas que se me asignaron ya las conocía, pero otras no. Yo nunca había realizado prospección de empresas para prácticas formativas, nunca había llevado el control ni los pedidos del material de oficina... Pero aprendí gracias a que alguien confió en mí y me dio esa oportunidad.

¿Adónde quiero llegar con todo esto? A que tengo la impresión de que hoy en día nadie te da la oportunidad de aprender. Las empresas parecen querer que uno llegue a ellas con todo aprendido, no dan un margen para formar a las personas y enseñarles cosas nuevas. Todas parecen estar buscando a alguien que otras empresas se hayan encargado de formar, para recoger beneficios invirtiendo poquito. Siempre hay una pega, siempre hay algo que te falta (o que te sobra).

Me gustaría estar equivocada en mi visión y poder volver a decir mañana que alguien ha confiado en mí de nuevo y me ha dado esa oportunidad. Mientras tanto sigo buscando y recibiendo noes, pero no pierdo la esperanza. 

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CV de Rosa Muñoz Bermúdez.

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Comentarios

Rosa Muñoz Bermúdez

hace 2 años #2

#1
Desgraciadamente donde acabo de terminar es de las primeras. Un problema de liquidez y a la calle los "baratos". Da igual si son buenos y si se quedan con los malos.

(Nacho) Ignacio Orna

hace 2 años #1

Es cierto Rosa Mu\u00f1oz Berm\u00fadez hay empresas que quieren el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo y ya. Hay otras que tienen otras miras a largo plazo e invierten en las personas que emplean.

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