Mel Elices Agudo

hace 4 años · 4 min. de lectura · visibility ~100 ·

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Y tú, ¿eres un nueve o eres un cinco?

Pues sí, cómo os podréis imaginar, ahora mismo mi mesa da un poco de pena verla. La pobre está llena de apuntes, libros, el portátil y la tablet. Por no hablaros de cómo está la cama del despacho que en épocas de exámenes utilizo para mantener los resúmenes colocados. Pero no es de mi organización de lo que os quería hablar (que me voy por las ramas, como siempre). En mi descanso (antes de escribir aquí), una amiga me ha escrito por WhatsApp: "¿eres un nueve o un cinco este año?". Obviamente, la pregunta iba enfocada a las calificaciones (malditas bastardas calificaciones). Mi respuesta ha sido breve y concisa: "pues oye, yo primero de todo soy Mel". 

Ni cinco, ni nueve ni el carajo que lo fundó. Soy y seguiré siendo Mel

De verdad os digo que estoy harta de las etiquetas (y más todavía de las que están relacionadas con la educación). "Tú eres muy listo porque has sacado un diez". "Tú eres menos listo por haber sacado un 5". ¿Por qué desde tiempos antiguos tienen que hacer eso? Nos meten a todos en saquitos de calificaciones. Y de esa forma, perdemos nuestra esencia, nuestro yo y no recordamos el verdadero sentido de la educación: APRENDER. 

Muchos de vosotros sabéis lo que siente al suspender un examen. Al menos yo me sentía hasta hace poco así. "He suspendido. Soy una inútil y no sirvo para estudiar". Eso es lo que nos hace creer el sistema educativo y, desgraciadamente, bastantes profesores. Nos decepcionamos con nosotros mismos, no nos sentimos orgullos y se nos hace complicado recordar lo más importante: EL ESFUERZO. Ese esfuerzo que el sistema no valora ni fomenta. 

¿De verdad a una persona se le valora por las calificaciones?

Desgraciadamente sí. Os voy a poner un ejemplo. En el ciclo formativo de educación infantil conocí a la que ahora es una de mis mejores amigas. Durante los dos años de teoría iba sacando la nota mínima en los exámenes y en los trabajos mientras que yo, obtenía calificaciones altas. Pero a la hora de llegar a las escuelas infantiles a hacer nuestros seis meses de prácticas, me dio una buena lección (al menos al principio.)

Yo me vi saturada con todos los niños, con las actividades, con las reuniones y con las evaluaciones en mi primer mes. Sin embargo, mi amiga tuvo una adaptación increíble. Aplicó pasión, emoción, ganas e ilusión a lo que hacía y supo darlo todo. Ambas somos grandes educadores pero a mí me costó más lanzarme. Ahí es cuando me di cuenta que las calificaciones, sólo eran parte de la burocracia. Hoy, está en paro. Hace cinco meses que cerró la escuela en la que ha trabajado desde hace años y ningún centro la quiere contratar porque obtuvo un 5,5 en el ciclo formativo. 

¿Injusto? Por supuesto que sí. Se están perdiendo a una gran profesional y apasionada de la educación. 

Y tú, ¿eres un nueve o eres un cinco?

¿En los exámenes nunca puede pasar nada malo? 

Parece ser que muchos profesores no son conscientes de las variables externas que puedan sufrir los alumnos antes de presentarse a un examen. Puede que estén enfermos, que se sientan desmotivados, que hayan discutido con su familia, que se pongan nerviosos y se produzca un bloqueo mental o que no hayan descansado bien por la noche para repasar las preguntas de la prueba y no estén al cien por cien. 

Si los alumnos consiguen superar los miedos, los nervios y olvidarse de sus pensamientos y centrarse en las preguntas del examen, aprobarán. Pero, ¿y qué pasa con los que no son capaces de deshacerse del bloqueo mental? Eso no significa que no se haya estudiado la materia o que esté falto de interés. ¡Ni mucho menos! Pero claro, eres la nota que sacas. Os voy a contar un gran recuerdo de mi profesor de historia de primero de la eso: 

Estábamos en los exámenes finales y quedaban pocos días de clase. Yo había entregado trabajos de investigación de dieces y nueves en historia. Además, se me veía bastante apasionada en las clases (y es la verdad, me encanta la historia). Pues cuando tuve en mis manos el examen y lo leí... no conseguía responder a ninguna pregunta. Apliqué todas las técnicas de relajación y respiración que mis padres me habían dicho... pero nada. No tuve éxito. Pasó media hora y me levanté a dar mi examen en blanco. 

Mi profesor me dijo: "vaya, te has puesto nerviosa por lo que veo. No te preocupes, soy consciente de que ha sido un bloqueo mental porque conozco los trabajos que has hecho y tú participación en clase. ¿Te parece que te repita el examen con preguntas diferentes después de todas las clases estando tú sola?". 

Pero claro, ¿hay muchos profesores que tienen ese gesto en la actualidad? Algunos sí, pero no la mayoría. 

A los papás, mamás, profes y maestros

Por favor, no etiquetéis a vuestros hijos y estudiantes con números. Ellos son personas antes que calificaciones, de verdad. Desgraciadamente, las calificaciones son importantes para ir superando las etapas educativas pero no hay que dar a las notas un valor excesivo. Me gustaría dejar claro que un alumno no es menos inteligente porque saque un cuatro o suspenda la asignatura. Y otro estudiante tampoco es más listo por obtener cuatro sobresalientes. 

¡Ojo! No digo que no se valore el esfuerzo de los estudiantes que obtengan buenas notas. Pero hay alumnos que también se esfuerzan y no llegan a conseguir los objetivos en las evaluaciones. Por eso, hay que mirar más allá de las calificaciones, de los exámenes y de los números. Tengamos en cuenta las emociones, el talento, la motivación y el interés por aprender por encima de los resultados, por favor. 

A ver si entre todos, nos vamos alejando del lastre que tenemos por sistema educativo. 

Artículo escrito por Mel Elices Agudo, fundadora del blog de reflexiones y recursos educativos nuncajamasyyo.com

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