Joaquín Tamarit

hace 1 año · 1 min. de lectura · visibility ~100 ·

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Los olvidados.

Durante la peste que asoló Europa, con respecto al brote de Milán de 1630, el Cardenal Federico Borromeo describió la indispensable labor de los sepultureros:

“Estos hombres, si bien son temidos por todos, son públicamente aclamados desde las ventanas con el fin de que se lleven los cadáveres. Naturalmente, la aprensión suscitada por los sepultureros es superada por el espanto de los cuerpos putrefactos llenos de pus y de sangre coagulada. Dichos cuerpos quedan delante de todos dentro de las casas, de las habitaciones, muy a menudo dentro del mismo lecho. Pero con ellos no valen las lágrimas, pues uno a uno van limpiando el mundo del horror”.

Estos días en los que estamos aclamando a todos y cada uno de los gremios sin los que, indudablemente, nos sería muchísimo más difícil la vida, no nos olvidemos de esos profesionales. En su gran mayoría trabajan sin que se apliquen las normas laborales básicas: Sin epis, sin los días de descanso que marca la ley y sin derecho a sindicalizarse. Si siempre están dejados de la mano de Dios, imaginemos ahora. Pues nunca, nadie, se acuerda de su imprescindible labor.

Y ojo, no me refiero al personal de las funerarias (que también) sino a los sepultureros de toda la vida, a los que hacen el trabajo de campo que nadie quiere hacer.

Los olvidados.



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