José Manuel Nieves

hace 2 años · 1 min. de lectura · visibility ~10 ·

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¿Y si llevaran miles de años observándonos desde los «cuasisatélites» de la Tierra?

¿Y si llevaran miles de años observándonos desde los «cuasisatélites» de la Tierra?

El grupo más recientemente descubierto de cuerpos rocosos cercanos a la Tierra es un tipo concreto de los denominados "objetos coorbitales". Se trata de los "cuasisatélites", una serie de rocas espaciales que trazan, como lo hace la Luna, órbitas estables alrededor de nuestro planeta y que nos acompañan en nuestro periplo alrededor del Sol. Por ahora, se conocen nueve cuasisatélites de la Tierra, pero su número podría ser muy superior.

Según un artículo recién publicado en The Astronomical Journal por el investigador James Benford, estos pequeños cuerpos, oscuros y difíciles de estudiar, resultan ser especialmente adecuados para inteligencias extraterrestres que quieran tener vigilada a la Tierra. Y el lugar ideal para ubicar sondas "espía", que podrían estar instaladas ahí, observándonos, desde tiempos inmemoriales.

Se da la circunstancia de que los cuasisatélites se acercan mucho a nuestro planeta una vez al año, a distancias mucho menores de cualquier otra cosa que no sea la propia Luna. De hecho, tienen el mismo periodo orbital que la Tierra y proporcionan una forma ideal de observar nuestro mundo desde un objeto natural, cercano y seguro. Además, según Benford, esta clase de coorbitales proporciona toda una serie de recursos que podrían ser muy útiles para los espías extraterrestres: materiales, energía solar constante, un firme asentamiento y, sobre todo, un lugar ideal para permanecer escondido.

Los fisgones

Hasta ahora, los cuasisatélites han sido escasamente estudiados por los astrónomos, y ningún programa del SETI, la organización que busca civilizaciones inteligentes en el espacio, se ha ocupado nunca de ellos. Por eso, Benford propone que se lleven a cabo una serie de observaciones de estos objetos para averiguar si en ellos existe alguna sonda alienigena. Y advierte de que esas sondas podrían, además, ser muy antiguas, incluso anteriores a la propia existencia del hombre.

Benford llama a estos hipotéticos dispositivos "lurkers" (mirones o fisgones). Un lurker, por lo tanto, es una sonda de observación oculta, desconocida y que ha logrado pasar totalmente inadvertida. Es posible que tras ella se oculten, o no, oscuras intenciones, según sean las motivaciones de los constructores. Y casi con toda seguridad, los lurkers serán robóticos, como lo son nuestras propias sondas de exploración, desde las Voyager a la New Horizons.

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