Maria Luisa Gallego Bravo

hace 10 meses · 3 min. de lectura · visibility ~100 ·

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Ventilación Emocional, ¿por qué es tan necesaria?

Las personas somos como casas que se van llenando de humo lentamente. Este humo, son los problemas personales o sociales que vamos acumulando, que nos afectan y generan en nosotros una serie de sentimientos, emociones y pensamientos. Si mantenemos todas las puertas y ventanas de esa casa cerradas, el humo se irá haciendo más denso y perjudicial para quienes vivan ahí. En cambio, si por el contrario tenemos una chimenea, el humo podrá ir saliendo lentamente y la casa será más cómoda para ser habitada. Podríamos decir que esta chimenea es la ventilación emocional.

Ante situaciones de estrés diario, preocupación, incertidumbre o vivencias traumáticas generamos una serie de emociones y tensiones que nos oprimen y nos causan sufrimiento, es en esos momentos cuando la ventilación emocional se convierte en una gran aliada.

(Este artículo podrás encontrarlo en la web de Psicoteando: https://marilu17793.wixsite.com/psicoteando/post/ventilaci%C3%B3n-emocional-por-qu%C3%A9-es-tan-necesaria

Ventilación Emocional, ¿por qué es tan necesaria?

Photo by Tengyart on Unsplash

¿Para qué sirve la ventilación emocional?

La ventilación emocional, permite dar salida a nuestras emociones, canalizándolas y evitando que continúen haciéndonos sufrir. Esta ventilación consiste en expresar nuestras emociones, qué nos hace sentir, ponerle nombre, comprender de dónde vienen, validarlas y darles su espacio. Todas las emociones son necesarias y tienen su función, por lo que si nos negamos a “hacerles caso” o a encerrarlas, pueden tener consecuencias a nivel físico y psicológico. Emociones básicas como la ira, la ansiedad, el asco y la tristeza o emociones sociales como la culpa, la vergüenza, la envidia o la decepción tienen una función relacionada con el nuestro contexto vivido y nuestras experiencias.

Cuando oprimimos y censuramos demasiado nuestras emociones, puede pasar una de estas dos cosas (o ambas). La primera, que aparezcan síntomas físicos como dolores de cabeza y de estómago, migrañas, dolores musculares, problemas en la piel etc., lo que en psicología se conoce como trastornos psicosomáticos. La segunda, que se produzca un estallido emocional y “paguemos” nuestra rabia y frustración con otras personas de nuestro alrededor, que nada tienen que ver con lo que nos sucede o cómo nos sentimos. Ambas opciones no son nada atractivas.

No hay una única forma ni un único método para ventilar las emociones, ya que es algo muy personal aunque os doy unas ideas de posibles formas de llevarlo a cabo:

  • Verbal: manteniendo un diálogo o bien con un profesional de la salud mental o con alguien conocido, que nos genere confianza y que pueda comprender nuestra situación, a través de una escucha activa. Hay que tener en cuenta que no nos sentimos seguros y dispuestos a abrirnos y a compartir vivencias personales con cualquiera, por lo que elegir a un amigo, amiga o familiar cercano nos hará que sea más fácil y la conversación sea fluida. Si puede ser, debemos evitar a personas que tengan una visión más dramática o “pasota” y que no juzgue como nos sentimos ya que nos puede llegar a generar más frustración o pensamientos rumiativos.

  • Escrita: escribir un diario emocional o una carta dirigida a nosotros mismos. A través de la escritura creativa podemos plasmar cómo nos hemos sentido y cómo nos sentimos actualmente, nos ayudará a liberar nuestras emociones y a sentirnos mejor. Si después de unos días lo volvemos a leer, podemos incluso cambiar nuestro punto de vista y relativizar nuestro problema. Cuando erais niños o niñas, ¿solíais escribir sobre lo que os había pasado en el colegio o con quién os habíais peleado?. Sin saberlo, estábamos fomentando la ventilación de nuestras emociones.

  • A través del arte: Ilustrar las emociones a través de la música, la pintura o el dibujo, también es una forma de ventilación emocional. No todo el mundo tiene un don para las artes, pero es igualmente válido darle forma a lo que sentimos en forma de lienzo o partitura y contar nuestra historia, aunque es mucho menos frecuente.

Si no sabes cómo empezar te sugiero que te hagas la siguiente pregunta: ¿cómo estoy? o ¿cómo me siento?. Tu respuesta será el punto de partida.

Si al realizar alguna de estas técnicas, crees que no te han ayudado lo suficiente, sientes que las emociones aún te hacen daño, ya sea por una falta de gestión o porque hayas sufrido un suceso traumático, la mejor opción es acudir a un psicólogo. Los psicólogos somos profesionales cualificados y estaremos encantados de ayudarte. Evidentemente, el contenido de este artículo no sustituye la ayuda profesional.

Referencias Bibliográficas

  • Cubillos, A. C (2013). Una Aventura escrita en la expresión de las emociones. Universidad de la Sabana. Biblioteca Octavio Arizmendi Posada.

  • Echeburua, E y de Corral, P. (2007). Intervención en crisis en víctimas de sucesos traumáticos: ¿cuándo, cómo y para qué?. Psicología Conductual, vol 15 (3), pp. 373-387.

  • Leahy, R. (2003). Cognitive Therapy Techniques: A Practitioner’s Guide.



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