Berta Alvarez

hace 2 años · 1 min. de lectura · visibility 0 ·

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Un escenario inigualable

Ella se sentó en su antigua hamaca, ésa que heredó de su abuela, aquella que tantas tardes vió moverse balanceándose en un sonoro movimiento de caderas de su "mamá" (o así era como la llamaba ella por el cariño que le profesaba). 

Su abuela le dejó bellos recuerdos, antiguos, sin valor económicos pero con sentimientos sin fín y muchos de ellos, los cuales llegaron a sus manos y guarda ahora con tanto cariño. 

Esa hamaca traía historia de cuando su abuela zurcía junto a la mesa camilla y la estufa negra de gas butano que tantas tardes permanecía encendida.

Alante, atrás, alante, atrás.... y la brisa del mar, llegaba incluso siendo una altura para algunos mareante, una altura de 15 pisos no es ninguna tontería.... pero qué brisita más buena, sentada desde aquella hamaca, junto a terraza donde se sentaba. 

Un escenario inigualable

Y desde allí veía pasear a la gente, oía el sonido del mar mientras veía allá a lo lejos, las olas chocando contra las rocas que inevitablemente eran cubiertas por el agua... 

¡Qué belleza de paisaje! ¡Qué sensación de tranquilidad!

A veces, me contaba, que tan solo esos momentos, la hacían ser persona, estar bien.... aquellos momentos la hacían sentir que estaba viva, aquellos momentos la hacían sentir que era feliz. 


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