Turismo farmacéutico.

¿Por qué no?

Admirar esta farmacia es un regalo para los sentidos. Como pasear por la Galería de los Uffizi o el puente Vecchio, entre la infinidad de otros monumentos de la increíble y preciosa ciudad de Florencia. Habrá que tener algo de paciencia y aguardar a que el aire esté despejado de coronavirus, pero la espera habrá valido la pena.

La botica, que tampoco tiene prisa por ser visitada, es de la misma edad que la Cattedrale di Santa Maria del Fiore, la genial obra de Filippo Brunelleschi, también conocida por el nombre de Il Duomo. Este otro monumento fue construido allá por el siglo XIII, a la par que el religioso. Aunque se concluyó mucho antes. Se entiende: sanar almas a base de perdón divino puede esperar. Sanar cuerpos siempre ha sido más urgente. Además, lo físico resulta mucho menos etéreo; más tangible y material.

Mientras una cúpula única en el mundo se alzaba majestuosa hasta la altura de 114,5 metros buscando acercarse a lo divino, la primera farmacia de la que se tiene conocimiento se extendía, con menos pretensiones, en otros metros cuadrados para acercarse a lo humano.

Y eso que, curiosamente, aunque hayan ido cogidas de la mano, la curación del cuerpo y la del alma siempre han sido diferentes. La Farmacéutica di Santa María Novella, con nombre santificado, que así se llama la farmacia, hunde las raíces de su historia en la propia de los frailes dominicos, cuando estos religiosos llegaron a la ciudad. Visitar esta maravilla es una buena idea.

Dedicados al orat et laborat, cultivaban su propio huerto, repleto de hierbas medicinales y aromáticas que empleaban para la confección de sus medicamentos, bálsamos, ungüentos, pomadas y otras pócimas que eran usadas en la pequeña enfermería del convento.

Poco a poco, gracias a Dios o al saber hacer de religiosos con mucho tiempo dedicado a la investigación, sus mejunjes y remedios alcanzaron una fama inusitada. Tanta que en 1612 Fray Angiolo Marchissin abre la botica al público y comienza a vender sus productos. Desde entonces sus fórmulas se expandieron por el orbe, llegando a lugares tan remotos como Rusia, India o China. La medicina en deuda con la religión. Y la religión intentando curar cuerpos, amén de conciencias.

De esta farmacia se dice que salió el agua de colonia cuando Catalina de Medici, tras ser coronada reina de Francia, hizo famoso el perfume que los dominicos realizaron para ella y que se bautizó como "Acqua della Regina". Se le tenía que llamar así. Nunca “Acqua dei poveri”. Por aquellos tiempos la Iglesia se había olvidado de los pobres y de las enseñanzas y la humildad de un tal Jesucristo, con madera de “Superstar”.

Sería el perfumista Giovanni Paolo Féminis quien se llevaría el mérito de la invención del agua de colonia que hoy conocemos. Lo consiguió en 1725 cuando se trasladó a Colonia donde comenzó la elaboración de esta agua aromatizada patentándola y rebautizándola como "Acqua di Colonia", nombre que ha perdurado hasta hoy.

En 1866 el gobierno italiano, instalado más en lo terrenal que en lo divino, confiscó los bienes de la Iglesia y la farmacia-empresa pasó a ser de titularidad estatal. Fue cedida a Cesare Augusto Stefani, sobrino del último fraile director del laboratorio que puso todo su empeño en que los secretos de la botica y sus productos permanecieran vivos e inalterados.

La producción de la perfumería (más que farmacia) era artesanal y limitada, a base de las mismas materias primas de alta calidad, empleadas con los procedimientos que desarrollaron los monjes.

Hoy la farmacia perfumería sigue activa y sus productos se venden por todo el planeta a través de distribuidores seleccionados. Pero el corazón de su red comercial sigue siendo, sin duda, la antigua botica florentina, sita en el número 16 de la Via della Scala, que sirve tanto de establecimiento de venta como de museo vivo de la historia de la marca.

El primer ambiente que se encuentra al entrar en la Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella es una de las capillas del convento, dedicada a San Nicolás de Bari, bajo el patrocinio de la rica familia Acciaioli en agradecimiento a la curación casi milagrosa de Dardano Acciaioli gracias al cuidado de los frailes. Cuánta intervención divina hubo en ese episodio es algo que queda celosamente guardado en los matraces y efluvios de la historia.

La capilla recibe el nombre Gran Sala de Ventas. En los frescos de su bóveda, realizados por Paolino Sarti, se representan los cuatro continentes como símbolo de la fama de esta farmacia y de sus productos en el mundo.

La antigua botica, en la actualidad herboristería, fue la sala reservada para la venta desde 1612 hasta 1848. La sacristía, utilizada desde el siglo XVII como "aromatería", y llamada "Habitación de las aguas" por ser la destinada a guardar el agua destilada, destaca por sus paredes completamente decoradas con frescos que representan historias de la pasión de Cristo realizados por Mariotto di Nardo, entre 1385 y 1405.

El actual museo de la casa se encuentra en los antiguos laboratorios de producción donde se pueden ver la maquinaria, artilugios y botes originales de los monjes.

En la Sala Verde se aprecian los retratos de todos los directores de la institución desde 1612 hasta hoy. Fue construida entre 1335 y 1337, entre la enfermería del convento y la capilla frente al jardín. Allí se inició la actividad comercial.

Durante el siglo XVIII se empleó para recibir a los invitados de especial relevancia a los que se les servía las especialidades de la casa, tales como el Alkermes o el Elixir de Quina. Y, sobre todo, chocolate a la taza, bebida muy de moda en ese entonces.

Santa Maria Novella tiene actualmente un negocio de restauración. Es su Tisanería, un espacio creado para que el visitante pueda disfrutar de las especialidades alimenticias de la empresa en un entorno exquisito y relajado.

¿Farmacia? ¿Perfumería? ¿Chocolatería…? Eso es lo de menos. 7 siglos dan para mucha evolución. 700 años rebosantes de historia durante los que, lógicamente, se ha producido más de un cambio de orientación en el negocio. En cualquier caso, pura exaltación de los sentidos.

Pero, sin duda, un placer único que disfrutar.

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https://www.expansion.com/fueradeserie/viajes/2020/10/20/5f86c5cee5fdeaa6658b45b2.html

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