Oscar Montejo Rodriguez

hace 5 años · 2 min. de lectura · visibility 0 ·

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¿TIENES ASUNTOS PENDIENTES?

¿TIENES ASUNTOS PENDIENTES?

¿Has cerrado todos los capítulos de tu historia? Seguramente no. En mayor o menor medida nos suelen quedar "flecos pendientes" que en su momento no supimos dar carpetazo. 

Son precisamente esos flecos los que condicionan muchos aspectos de nuestra vida presente. 

Supongamos que uno de tus "flecos" es una desastrosa relación pasada donde fuiste rechazado. No haber cerrado con punto final ese capítulo puede hacer que en tus próximas relaciones generes un punto de desconfianza hacia tu nueva pareja de manera injusta. Es decir, pagará los platos rotos de algo que ni siquiera ha hecho. 

O imaginemos que tuviste una infancia difícil y solitaria, sin apenas amigos. Eso provocará que en tu presente te sientas realmente tú mismo viviendo en soledad y te cuesten las relaciones. 

Cuando no somos capaces de cerrar capítulos de nuestra vida las mismas situaciones vuelven a aparecer una y otra vez. Algo está inconcluso. Y este juego de la vida no permite capítulos sin cerrar. Es su manera de hacernos aprender y evolucionar interior y exteriormente. 

Echa la vista atrás. No te costará recordar al menos uno o dos momentos que quedaron abiertos. Analiza tu presente actual respecto a esos temas. Verás como casi sin darte cuenta eso se ha convertido en tu punto débil personal, en tu kryptonita. 

Vale... Lo reconozco... Tengo capítulos sin cerrar. ¿Y que puedo hacer?.... 
Como siempre es cuestión de elección. La más sencilla es dejarlo estar. Piensa que se convertirá en un compañero inseparable para tu futuro y que serás capaz de convivir con él como has estado haciendo hasta ahora. Vamos, como el niño del Sexto Sentido, que veía fantasmas y los ignoraba. Es una forma.... 
Otra sería mucho más complicada. Implicaría hacer caso a ese fantasma. Asustarte. Preguntarle cosas. Tratar de entenderle. 
Un capítulo sin cerrar sigue vivo dentro de ti como el primer día. Tratas de rehuirlo en tu mente. Pero siempre aparece. 

¿Y que ganas hablando con ese fantasma?¿Que ganas reviviendo ese dolor? 
Te pondré un ejemplo. Te han dicho que un amigo tuyo te ha puesto a caer de un burro. Sin corroborar la historia con él, das crédito al hecho y, por supuesto,dejas de hablarle. Lo alejas de tu vida. 

Años más tarde surge un encuentro fortuito entre ambos. Al enfriarse la situación puedes hacerlo. Ya no es tan importante para ti como lo fué entonces. Y descubres durante la charla que todo aquello que supuestamente dijo, no ocurrió. Es decir, toda la historia que creaste en tu mente era mera fantasía creada por ti mismo. 

¿Que has aprendido de una situación así? A bote pronto parece que muchas cosas. 
Pues para eso sirve tener una conversación con tu fantasma. Para tener una visión global del asunto. No sólo la parcial que tu creaste en tu mente. 
Se trata de entender. Comprender que llevó al otro o a ti mismo a tener ese comportamiento. No quiere decir que lo aceptes. Es saber que en esa etapa de su vida o de tu vida no pudo hacerse de otro modo. No se supo hacer de otro modo. 

Y la comprensión es el primer paso hacia el perdón. Pero el perdón real, no el de boquilla. Perdonar es un acto que sale del corazón, concretamente de la aurícula derecha (vale, una coña sin gracia, lo sé). 
Perdonar saca a la luz todos los recuerdos maravillosos que tenemos del otro y anteponerlos a todo lo demás. Y perdonar no obliga a volver a incluir en nuestra vida actual al otro, pero se crea un deseo de felicidad para su vida, esperando que todo le vaya de maravilla, que sea feliz. Es un acto de amor puro. 

El autoperdón funciona del mismo modo. No hay diferencia. Aunque es mucho más complicado. Nuestro nivel de exigencia es tan alto con nosotros mismos que en ocasiones es más fácil martirizarse, que perdonarse. 
Es comprensión absoluta de quien eres ahora mismo. Es entender que a lo largo de tu vida has evolucionado. Que has aprendido. Que te quieres. Para todo eso sirve el perdón. Bueno, para eso y más, pero ya lo veremos en su momento. 

En fin chavales, decidamos. Yo quiero echar la vista atrás y que mi mente se llene de recuerdos maravillosos. Y con aquellos capítulos que no cerré, hablarles, preguntarles y escucharles. Y sobre todo, darles las gracias. Soy quien soy por ellos.

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Comentarios

Oscar Montejo Rodriguez

hace 5 años #1

#1
Somos asi. Vemos lo que queremos ver..... mientras sea fácil. El ceporrismo es un deporte de masas,amigo!

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