Tecnología subcutánea.

Casi, casi a flor de piel.

Pero un pelo más adentro. Y apenas perceptible. Su reducido tamaño permite implantarla sin apenas dolor. Puede contener una importante cantidad de información. Y lo mejor de todo: su capacidad de almacenamiento será cada vez mayor. Algo así como sucede en la actualidad con los pendrive y discos duros externos: un mismo espacio contiene cada vez más datos.

El invento es algo parecido a los chips identificadores que llevan incorporados nuestras mascotas con información relativa a vacunación, procedencia, domicilio de los propietarios, etcétera…Solo que mucho más sofisticado. Si ellas lo tienen, ¿por qué no nosotros? Hay muchas y muy variadas respuestas para esta pregunta.

Según sus desarrolladores, está tecnología va a facilitarnos la vida. Habrá quien piense lo contrario: va a controlarla. Lo cierto es que en Suecia ya la utilizan cerca de 5.000 personas. De esas a las que el marketing define como early adapters (primeros adoptantes). Todo apunta a que la tendencia crecerá rápidamente. ¿Ciencia ficción? No. ¿Realidad que supera a la ficción? Sí.

Tan práctico dispositivo se usa cada día. Por ejemplo, para coger el metro, abrir puertas, sacar fotocopias o, incluso, comprar aperitivos en máquinas expendedoras. En el futuro ofrecerá nuevas y atractivas posibilidades. Sin duda, la medicina será un campo en el que explorará innumerables perspectivas de desarrollo. La pandemia que estamos sufriendo así lo ha puesto de manifiesto. Es un claro ejemplo.

El implante es tan diminuto como un grano de arroz. Se inserta en la mano y almacena información privada. Eso, afirman. Puede ser utilizado en sustitución de tarjetas físicas que, como sabemos, son susceptibles de perderse o ser sustraídas. En cambio, las manos no. Las manos no suelen perderse. Ni, mucho menos, robarse.

Lo que sí pueden perderse son las personas. Bien porque se encuentran en una ubicación desconocida y no saben dónde están, bien porque su cerebro ya no maneja bien las coordenadas y “ha perdido el norte, el sur, el este y el otro: o sea, el oeste”.

Es lo que le sucede a muchos mayores aquejados de Alhzeimer u otro tipo de demencia. Cuando falla la memoria natural, tener bajo la piel otra memoria USB puede ser una buena solución. En ese sentido, sin duda, la tecnología subcutánea es un importante avance. Puede echar una mano. ¡Bienvenida, sea!

“Hemos pasado de tener ordenadores muy grandes a móviles y wearables. El siguiente paso es un dispositivo implantable”, explica Juanjo Tara, cofundador de DSRUPTIVE. La compañía sueca vende cada mes cerca de 1.000 dispositivos NFC (Near Field Communication, por sus siglas en inglés). En el primer trimestre de 2020 ha enviado 1.000 unidades a Estados Unidos, 500 a Japón y otras 500 a Reino Unido.

Juanjo, almeriense de 35 años, calcula que unas 50.000 personas en el mundo pueden llevar ya un implante de este tipo, que necesita de una aplicación específica para grabar, leer o eliminar información. Ningún problema: hay diferentes alternativas que realizan este tipo de acciones sobre etiquetas NFC en la Play Store y en la App Store.

El fundador de DSRUPTIVE va más allá y lo compara con una memoria USB: “puedes modificar con el móvil la información que tienes dentro. Solo hay que acercarlo a la mano e indicarle que quieres grabar una nueva información”.

Hoy el espacio de almacenamiento es su principal limitación. Pero en cuestión de meses el problema estará resuelto. “Las ciencias adelantan que es una barbaridad”. Este mide 2 milímetros de ancho y 15 de alto. Tiene dos kilobytes de memoria, que son “unos 2.000 caracteres de información.

Ahora el reto tecnológico es crear la microelectrónica dentro para que el dispositivo sea más complejo sin ampliar su tamaño”. Cuestión de tiempo. Unas cuantas horas más, como hemos dicho.

García es conocida en su sector como la zurda. Trabaja en Madrid en el estudio COOL TATTOO RIVAS. Hace poco la buscaron desde el Instituto NIELSEN para proponerle que fuese implantadora oficial del dispositivo que ayudará a nuevos estudios e investigaciones mercadológicas. Aceptó. Hay dinero de por medio y “a nadie le amarga un dulce”.

Nos explica: “el procedimiento es muy similar a hacer una perforación corporal. Hay entrada y salida de la aguja. El artilugio se queda dentro. Es una incisión pequeña que se cierra por sí sola y nada peligrosa, como si te sacan sangre”.

Instalar un dispositivo wearable en el cuerpo permite facilitar la interacción entre humano y máquina. Esto es genial porque acorta los tiempos que utilizamos en acciones muy repetitivas del día a día como abrir puertas o pagar. Ya sabemos que “time is gold”.

Compañías como DANGEROUS THINGS o BIOHAX están explorando las posibilidades de estos implantes. Hoy el de DSRUPTIVE se usa principalmente en tres ámbitos: para viajar en diferentes medios de transporte, en accesos a recintos y como medio de almacenamiento de información privada. Cuánto tiene de auténtica privacidad todavía está por ver.

Los perfiles de quienes apuestan por "inyectarse" esta tecnología en su cuerpo varían mucho: son mujeres y hombres entre 18 y 60 años. Instalarlo bajo la piel cuesta entre 150 y 200 €. En Suecia es legal hacerlo en estudios de tatuajes y piercings. Allí lo consideran un piercing subcutáneo”. En Japón y Londres solo se realiza en clínicas privadas.

El invento está pensado para aguantar en el cuerpo por lo menos 25 años. Pero en cualquier momento se puede acudir a una clínica para que lo retiren o lo reemplacen por otro más potente, de nueva generación. Cuenta con un led que se ilumina cada vez que se activa. No funciona con batería. Con lo cual el usuario no tiene que “enchufarse”.

En España un 20% de los ciudadanos estaría dispuesto a implantarse uno de estos productos para sustituir al teléfono móvil, según recoge el informe Y después de los Smartphone, ¿qué? Ciudadano Cyborg” de LÍNEA DIRECTA. En principio, menos esclavitud. Al final, ya veremos...Como dijo un ciego.

El estudio, publicado en 2019, se basa en entrevistas realizadas a 1.700 mayores de 18 años. Entre sus argumentos favoritos para introducir este tipo de tecnología en el cuerpo, destacan el almacenamiento de datos, disponer de una cámara integrada y contar con un GPS. El modelo de DSRUPTIVE solo cuenta con la primera funcionalidad. Pero, tal como se desarrollan los acontecimientos, en cuestión de meses tendrá algunas (o muchas) más.

Por el momento en España introducirlo en el cuerpo es alegal, ya que no existe ningún tipo de regulación. El fundador de DSRUPTIVE sostiene que se está trabajando en una ley al respecto y afirma que ya hay cerca de 10 personas con el implante: “son clientes a nivel personal. Hicimos una ronda de beta testers, es decir, gente que quería probar la tecnología. Se apuntaron desde lugares como Barcelona o Jaén”.

El Instituto de investigación NIELSEN considera que pasarán entre 2 y 5 años hasta que este tipo de tecnología se implemente en España. Desde la empresa lo ven como una forma de “intervenir el cuerpo humano para mejorarlo”. La llamada generación Z abraza de forma natural la tecnología. Son nativos digitales y quieren ser parte de ella. Buscan la forma de destacar y diferenciarse.

Es de suponer que si el sistema es objeto de ciberataques, podrá inyectársele rápidamente la vacuna antivirus que evite ser “jaqueado”. Pero lo que ya resultará más difícil de evitar es la sensación de ir marcado. De la misma manera que los ganaderos hacen con sus reses.

Los implantes son inteligentes. Definitivamente habrá que pensar que los tontos somos las personas. ¿Qué quieren que les diga? Esto de que el ser humano empiece a parecerse a un ciborg al estilo de ROBOCOP no me mola. Se acerca mucho al control absoluto de actos y voluntades. Y eso siempre es peligroso.

No sé…; no sé yo…

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https://retina.elpais.com/retina/2020/07/22/innovacion/1595432782_713134.html

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Tecnología subcutánea.


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