Carlos Del Riego Gordón

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SEPARACIONES MUY SONADAS DE GRUPOS DE ROCK LEGENDARIOS

SEPARACIONES MUY SONADAS DE GRUPOS DE ROCK LEGENDARIOSEl ego y la soberbia de Roger Waters y su trato tiránico a los demás llevó a Pink Floyd a la desbandada y la enemistad eterna

Como en toda asociación, en los grupos de rock suelen producirse diversidad de pareceres, diferencias profesionales o económicas, lucha de egos, actitudes de soberbia y superioridad e incluso odios e inquinas personales. Todo ello suele conducir, antes o después, a la separación. Y como es lógico en estos ambientes tan pasionales, es habitual que haya rupturas que meten mucho ruido, y más cuanto más grande y exitoso es el grupo

Realmente parece de lo más corriente que una banda de rock nazca, se desarrolle y desaparezca, como cualquier otro bicho viviente. Pero claro, cuando se trata del mundillo del rock todo se vuelve exagerado, de modo que la ruptura puede resulta estruendosa. Y no importa que la banda esté en su momento cumbre, pues no pocas han deshecho su relación a pesar del éxito.

La primera ‘gran’ separación es, claro, la de Beatles. A pesar de que se han señalado múltiples causas, casi siempre hay un denominador común, Yoko, y no sin motivos. La ruptura causó gran revuelo pero ¡cómo hubiera sido con una potencia comunicadora como la que hay hoy! Sea como sea, la japonesa se incrustó como un cuerpo extraño en un engranaje que funcionaba. George Martin recordó varias veces la frustración que sentía cuando Yoko se quedaba allí, a su lado ante las mesas de mezclas durante las sesiones de grabación, hablaba, daba su opinión, hacía gestos a unos y otros…; el resto del grupo estaba realmente molesto con que Yoko fuera al estudio como uno más, como si su aportación fuera decisiva. George, entonces, empezó a llevar amigos y colaboradores, como Eric Clapton; y Ringo desaparecía sin avisar. Paul dio gran importancia a los asuntos económicos y comerciales y a la gestión del administrador. Y a ello se sumó que John y Yoko empezaban a meterse heroína, algo que siempre ensucia cualquier ambiente. No hace mucho se difundió una carta de John y Yoko a Paul que contenía acusaciones como: “Espero que te des cuenta de la mierda que tú y el resto de mis amables y desinteresados amigos ​​nos echasteis a Yoko y a mí desde que estamos juntos”. Sí, hubo varias causas, aunque la principal tiene nombre japonés.

Una de las principales causas de roces, fricciones e inquinas dentro de los grupos de rock es el deseo de mando absoluto de uno de los integrantes, como ocurrió con los inolvidables Creedence. Como es sabido, en apenas cuatro años publicaron media docena de discos de gran éxito. Pero todos esos grandes éxitos, todo lo de los cinco primeros estaba firmado por John Fogerty (salvo las versiones y un único tema escrito con su hermano Tom), por lo que él era el solista y decidía por dónde ir. Los demás, claro, no querían bailar siempre al son de John y ansiaban meter sus canciones en los discos (el autor cobra más), sobre todo Tom, quien se hartó de la supremacía de John y se largó enfadado. Ante la nueva situación, John cedió: “Muy bien, quien quiera cantar y tener voz y voto que escriba sus propias canciones”. Y así, Cook y Clifford consiguieron que sus temas aparecieran en el último disco de los Creedence, el ‘Mardi grass (1972), sin duda el peor de todos con diferencia; sólo tiene una que merece la pena, y está firmada por John Fogerty. A todo esto, líos con los productores y discográficas. Fue el fin. El gran compositor y guitarrista de los CCR nunca perdonó a sus ex compañeros, como demuestra el hecho de que cuando entraron en el Salón de la Fama del Rock & Roll, en 1993, John se negó a tocar con Cook y Clifford, y no hubo forma de hacerle cambiar de idea, es más, cuando estos dos formaron Creedence Clearwater Revisited, Fogerty les puso una demanda, aunque la perdió. Cuando se separaron, John les puso una cruz para siempre.

Allman Brothers Band sufrió muy pronto la pérdida de su pieza principal, Duane Allman. El guitarrista Dickey Betts tomó entonces las riendas como compositor y solista. Sin embargo, a mediados de los 70, Betts recibió un mensaje “… en el que me notificaban que no tocaría en la próxima gira de los Allman. El texto exacto dice: ‘No has hecho un buen trabajo, y como resultado nuestros shows han sido decepcionantes tanto para los fans como para nosotros’. Y como explicación insinuaban problemas de salud y de drogas. Falso, todo es falso”, afirmó rotundo Betts. Y explicó: “Me puse a escuchar tranquilamente las grabaciones de las últimas actuaciones, de toda la gira, y me quedé impresionado, la banda sonaba genial, el resultado era de muy alta calidad y me sentí orgulloso de mi trabajo con la guitarra”. Hubo pleitos y abogados, arreglos y reuniones tapándose la nariz o simulando que todo iba bien. Pero “No se puede guardar rencor para siempre”, dijo más tarde como haciendo las paces, aunque no volvió a la banda a partir de 2000. Fuera como fuera, eso de poner a un compañero de patitas en la calle con un fax parece feo.

Entre gritos e insultos se separó Pink Floyd. De la tensión se pasó a una atmósfera violenta, tóxica. Roger Waters, principal compositor, se sintió el dueño absoluto del grupo y, por tanto, hacía y decía lo que le salía, chocando con los otros continuamente. Pero con quien peor se portó fue con el teclista, Rick Wrigh, un tipo muy educado, refinado y con un tanto de filosofía hippy; Waters lo despreciaba, le gritaba, humillaba e insultaba en público, sin que el otro respondiera; hasta que lo echó…, para luego contratarlo como músico de estudio. También le hubiera gustado echar a Gilmour, pero sabía que sus composiciones ganaban mucho con las aportaciones del guitarrista. Finalmente el ego de Waters se impuso y rompió el grupo. Los demás quisieron seguir usando el nombre y el famoso cerdo hinchable, pero él se negó. Durante la batalla legal (en los 80) Waters declaró: “Si alguien puede llamarse Pink Floyd soy yo, ese es mi grupo y también ese es mi cerdo”. Sin embargo, los otros siguieron con el grupo y con el cerdo hasta la separación definitiva en 1996. Luego hubo un intento de reconciliación, pero la cosa acabó mal, ya que en plena presentación ante la prensa empezaron a insultarse y amenazarse. En 2005 se reunieron para una actuación benéfica a pesar de que Waters y Gilmour eran irreconciliables; éste recordó luego: “Había momentos en que veía a Waters luchar consigo mismo para no comportarse como un mandón…, mientras yo luchaba por seguir siendo mandón. Pero luego decidí no revivir las viejas disputas”. Hoy Waters sigue siendo enemigo de todos los demás.

Sólo eran dos pero nunca congeniaron. Simon & Garfunkel no eran amigos, al menos no buenos amigos. Tuvieron infinidad de disputas y choques por causa de canciones, discos y lanzamientos, además de algunas sonadas faenas de estudio, como cuando Garfunkel grabó su parte para un disco de reencuentro y, estando a solas en el estudio, Simon eliminó las voces de aquel y sacó el disco como propio. El origen del desencuentro está en que Paul se cree que todo el mérito es suyo, que Art apenas aporta y que se lleva parte de ‘su’ pastel. La superioridad con que el bajo mira al alto quedó patente cuando fueron incluidos en el Salón de la Fama del Rock & Roll; en su discurso, Garfunkel elogió el talento de Simon para componer, a lo que éste respondió “Art y yo nunca estamos de acuerdo, pero en lo que ha dicho ahora sí, he enriquecido mucho su vida”. Pura soberbia.

CARLOS DEL RIEGO

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