Luis Alberto Bandeira Machuca

hace 2 años · 2 min. de lectura · visibility ~10 ·

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¡Ostras con la perla!

La han bautizado.

Le han puesto de nombre Marawah. El mismo de la isla en la que se ha producido el hallazgo. Y no tiene nada de cultivada. Se creó de la forma más natural. El molusco albergó una minúscula mota que cayó por casualidad en su interior. Y cumplió pacientemente con la función que la naturaleza le había encomendado: envolverla de precioso nácar.

No es un fenómeno excepcional. Lo que resulta extraordinario es el hecho de que la hayan encontrado 8.000 años después. Día más o menos, según la prueba del carbono a que ha sido sometida.

Quedó extraviada fortuitamente sobre el suelo de una vivienda, frente a la costa de la actual Abu Dabi. Y de la misma forma ha vuelto a mostrarse ante los ojos atónitos del mundo.

Su tamaño oscila entre los 2’5 y 3 milímetros. «La aparición en un nivel que contenía material quemado nos permitió datarla por radiocarbono con precisión. Fue usada entre el 5.800 y 5.600 a.C.», según Beech, el arqueólogo que la redescubrió.

La perla fue encontrada en la habitación número 5 de una estancia con forma ovalada hecha sobre un lecho rocoso, mientras se limpiaban los restos de la ocupación.

Ya la han tasado. Por supuesto, en mucho menos tiempo de lo que el molusco necesitó para darle forma y del que se ha tardado en encontrarla. Su valor inicial, con «todas las precauciones, podría oscilar entre los 35.000 y los 38.000 euros, según el tasador de joyas y gemólogo español Manuel León. Otra cosa muy distinta es considerar si a un hallazgo así de único se le debería dar un valor económico.

Lo que sí se sabe es que la ostra que la parió es de la especie pinctada radiata, bautizada popularmente como la “ostra perla del Atlántico”. La historia es fascinante. Hay que imaginarse que hace 8.000 años alguien estaba creando un collar en aquella habitación, que era una especie de taller. Lo cual da de por sí idea de la antigüedad de la profesión de joyero.

La pequeña perla cayó y se extravió. Fue una pérdida accidental. El valor del despiste es hoy incalculable. Tal circunstancia hace pensar que no se trata de una perla para agregar a un collar, sino para lucirla por sí sola. En todo su esplendor.

Seguramente TIFFANY ya se habrá interesado por ella. Si está en venta o no forma parte del secreto de un extravío que se produjo en los albores de la civilización. De decidirse por ponerle un precio, sería mejor subastarla, con su correspondiente documento acreditativo de autenticidad.

Para engarzarla y presentarla en sociedad no hará falta bucear, ni escarbar. Solo tirar de un talonario sobrado con más ceros que todos sus años de historia. SOUTHEBY’S, CHRISTIE’S o BONHAMS estarían encantadas de organizar la puja de esta pieza única. Lo digo, claro está, por la comisión.

Como negocio seguro que “les iría de perlas”.

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https://www.elmundo.es/cronica/2019/11/03/5db34f1efc6c833b698b469f.html

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¡Ostras con la perla!


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