Luis Alberto Bandeira Machuca

hace 3 años · 2 min. de lectura · visibility 0 ·

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Niños que no engordan, ventas que adelgazan.

Clarísima relación causa - efecto.

Así está ocurriendo con las chucherías en el Reino Unido. Desde que estos productos han desaparecido de su ubicación preferente en muchas cajas registradoras, la industria ha tenido que apretarse el cinturón. Hacerse un nuevo agujero porque su facturación pierde peso y densidad muscular. Todo al mismo tiempo.

La compra por impulso actúa así. Asalta al consumidor que se ha detenido y espera turno para pagar en el supermercado. Con mayor intensidad aún si la madre va acompañada de un retoño que se ha portado bien, agradece ser premiado y tiene deleite por lo dulce.

Las chuches vestidas en envases con colores atractivos son una auténtica golosina. Hacia donde se va el ojo, se dirige la mano y, tarde o temprano, el producto acaba en la boca.

De lo que se trata es, precisamente, de evitar la tentación. Ante el problema del exceso de calorías y de grasas del público infantil, el gobierno inglés decidió poner fin a esa venta de alimentos y bebidas poco saludables en la línea de cajas. Para los peques son “un caramelo envenenado”. El objetivo: reducir a la mitad la obesidad infantil.

Pero todo tiene sus efectos colaterales: triunfar en la loable misión de conseguir una mejor calidad de vida de los niños tiene como consecuencia irremediable la reducción de ingresos en esta categoría de la alimentación. Ganar en salud aporta beneficios a muchos. Pero inexorablemente obliga a perder peso a los beneficios económicos de unos pocos. Es así.

La decisión tomada por el gobierno británico va en la línea correcta. De eso no cabe la menor duda. La ingesta de chuches y golosinas ha disminuido considerablemente. Así se desprende del estudio publicado en la revista PLOS MEDICINE que se realizó entre 30.000 hogares acostumbrados a comprar en los supermercados TESCO, ALDI, LIDL, ASDA, CO-OP, M&S, MORRISONS, SAINSBURY'S y WAITROSE.

Los resultados son suficientemente sabrosos como para insistir en el empeño: un año después los británicos compran un 20% menos de dulces, chocolatinas, caramelos y demás golosinas en los supermercados que los han retirado de las cajas registradoras, en comparación con los que todavía los siguen colocando en ese lugar. Dicho en pocas palabras: lo que no se ve no se vende.

La doctora de la Universidad de Cambridge que lideró el estudio, Jean Adams, aseguró a la BBC que el éxito obtenido sugiere y apoya la idea de que cambiar los lugares donde se exhiben los productos altera los hábitos de los consumidores.

La consecuencia inmediata de tal medida no se ha hecho esperar: los niños ingleses no engordan. O no engordan tanto. Pero al mismo tiempo los beneficios de los supermercados y, por ende, de la propia industria adelgazan. Una cosa conlleva la otra. Siempre será mejor prevenir. Es cuestión de prioridades. Y con la salud no se juega.

¡Que cunda el ejemplo, pues!

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https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-12-20/venta-chucherias-dulces-salida-supermercados_1717342/

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Niños que no engordan, ventas que adelgazan.

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