MALOTES

Sin entrar, en los motivos de porqué hay determinadas personas que hacen daño a otras, pues sería un amplio y gran debate, cada vez tengo más claro que estos actos no pasan impunes. Y es porque hay dos jueces que ejecutan su sentencia con mano de hierro. Y no, no se trata de ningún Dios, no es momento de hablar de religión. Nunca me gustó profundizar en la existencia de un Dios omnipresente y omnipotente que juzga a los que son Malotes.
Pienso, y así lo he visto una y otra vez, como estos dos jueces emiten su veredicto ante el que no hay recurso posible, y que cuando condenan la pena se cumple hasta el final: Estos jueces son: el tiempo y la propia vida. Sin más. Si señor, así de simple. Las personas que van por la vida, sin ayudar sin más que ofrecer, que un revolver lleno de muescas de los cadáveres que han dejado a su paso, son ejecutados de manera brillante con el paso de los años, y con la propia vida.
Yo creo que todos sabemos de quien hablo, de aquel jefe, que hace la vida imposible a sus empleados. De aquel vecino del segundo A, que su única meta es putear al del Segundo b, sin obtener nada a cambio. Aquel amigo que hace bueno a tus enemigos, e incluso aquel hermano que te mandó la genética, y que dentro de su ADN, metió el gen del “mal por el mal”.
Pues bien, no hay nada más que esperar, pues un buen día la vida y el tiempo, les pone en su sitio. Y pasa siempre. Siguiendo sin entrar en temas religiosos, es como una bendición divina. Como si los planetas se alinearan y dijeran, tú “malo”, tú que has hecho el mal tanto tiempo te ha llegado tu hora, y te voy a dar a probar un poquito del jarabe, que día tras día te encargaste de dar a tu prójimo.
Es cierto que a estos “malotes de la vida” no hay que darles mayor importancia, y deberían desaparecer de la vida de la gente normal lo antes posible. Pero desgraciadamente están en este mundo, y lo único que puedes pedir es que no llegue uno a tu vida. En el caso de que llegue es difícil convivir con ellos pues el mal, otra cosa no tendrá pero su hedor pestilente se te cuela hasta el tuétano de tus propios huesos.
Es de idiotas, decirle a alguien que está padeciendo a un malote, frases del tipo: tú aguanta, que ya se le pasará. “no es tan malo, es que se pone nervioso”. “no le des importancia, pues es así con todo el mundo, no es nada personal contigo”…..todo este tipo de frases al que lo está padeciendo ni le consuelan, ni le sirve para sobrellevar la carga de un MALOTE, que la vida ha puesto a tu lado. Por eso no seré yo el que le diga a nadie: tú tranquilo, que la vida y el tiempo le hará pagar todas sus fechorías. Mi grado de idiotez todavía no ha tocado tan arriba. Pero sé que este tipo de personas, tarde o temprano, pagan un alto precio por esos comportamientos que durante mucho tiempo provocaron lágrimas en las personas de su alrededor. Nadie, nadie, nadie, tiene el derecho en este mundo de ser el culpable de las lágrimas de nadie. Solamente se puede romper este principio si esas lágrimas son de alegría.
Por eso, me despido con un caluroso abrazo a esos GRANDES MALOTES, que todos conocemos y asegurándoles que un día se sentarán en un juicio donde el veredicto será solo uno: CULPABLE.
Francisco José Paredes Pérez
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Comentarios
Francisco Jose 🐝 Paredes Pérez
hace 7 años#2
Francisco Jose 🐝 Paredes Pérez
hace 7 años#1