Maria Luisa Gallego Bravo

hace 9 meses · 5 min. de lectura · visibility ~100 ·

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Lo que la COVID-19 nos dejó y otros pesimismos.

Este artículo también está publicado en mi blog personal: https://marilu17793.wixsite.com/psicoteando/post/lo-que-la-covid-19-nos-dej%C3%B3-y-otros-pesimismos

Por primera vez todos a nivel mundial tenemos el mismo problema, experimentándolo y gestionándolo de diferentes formas. Estamos haciendo frente a un verdadero desafío que nos ha impuesto un nuevo estilo de vida más individual, casero y digital. Además, esta situación atípica ha provocado una reestructuración de nuestra lista de prioridades y preocupaciones. Como psicóloga y mente inquieta me he propuesto con este artículo realizar un análisis sobre diferentes temas que me preocupan en la actualidad.

Lo que la COVID-19 nos dejó y otros pesimismos.

Photo by Kelly Sikkema on Unsplash

El Síndrome General de Adaptación como respuesta al Estrés Social

Desde marzo de este año, vivimos en un contexto de crisis sanitaria y social que está generando una respuesta de estrés y ansiedad prolongada en el tiempo a un gran número de personas. Desde mi punto de vista, esta situación podría analizarse bajo los términos del conocido Síndrome General de Adaptación.

El Síndrome General de Adaptación, fue descrito por Selye como un conjunto de síntomas físicos que aparecen cuando un organismo debe hacer frente a una situación novedosa. Es una de las teorías más importantes para explicar la respuesta al estés. Otros autores, complementaron esta teoría añadiendo sintomatología psicológica haciéndola aún más compleja. En concreto, consta de tres fases:

1. Reacción de alarma, se divide a su vez en la fase de choque, o inmediata al estresante y la fase de contrachoque. Durante estas fases el organismo reacciona con un aumento de hormonas como la adrenalina o el cortisol, produciendo cambios fisiológicos que contribuyen a estar a alerta ante un estresor concreto.

Aplicándola a la situación actual, ante la poca evidencia disponible y la confusión sobre aspectos relacionados con la letalidad, vías de contagio y un inminente estado de alarma nacional, las primeras reacciones psicológicas incluyeron estrés, ansiedad, miedo e incertidumbre, en muchas ocasiones de una gran magnitud. Junto con esta respuesta de alerta y estrés inicial, surgieron pensamientos sobre preocupaciones económicas, sociales o el futuro generando respuestas de ansiedad y una activación constante. Este conjunto de estados, dieron lugar a problemas de salud mental como reacciones de pánico, insomnio, emociones de ira o miedo, somatizaciones, conductas agresiva entre otros. Para paliar el malestar y el miedo surgieron conductas desadaptativas como el aumento del consumo de ansiolíticos y antidepresivos, no seguir una rutina diaria, empaparse de información constantemente, discusiones frecuentes entre los convivientes o conductas adaptativas como hacer ejercicio, mantener una rutina o buscar apoyo social.

2. Etapa resistencia. En esta etapa el organismo se adapta al estresor, mejoran y desaparecen los síntomas, hay una regulación a nivel hormonal y aumenta la resistencia al agente nocivo a causa de una menor resistencia a otros estímulos.

Volviendo de nuevo a la situación actual, analizando a groso modo la información que recibimos durante el día, la gran mayoría de noticias se relacionan con el coronavirus. Estamos expuestos a ella en la televisión, la prensa, las redes sociales o en la calle. Cada vez tenemos más información sobre el enemigo, vías de contagio o cómo prevenir la infección. A costa de esto, obviamos otros estímulos o riesgos, porque proteger y atender al COVID-19 se ha vuelto una única prioridad. En este sentido, se obvian otras enfermedades como el cáncer, ictus, infartos o se temen síntomas de catarros o gripe con los que hemos convivido anteriormente.

Así mismo, hemos normalizado conductas que previenen el virus tales como el uso frecuente de geles hidroalcoholicos, uso de mascarilla, priorizar en actividades al aire libre, reducir la asistencia a espacios cerrados, priorizar la compra online, visitar con menos frecuencia a personas con patologías o edad de riesgo y reducir nuestro círculo social.

3. Etapa de agotamiento. En esta fase si el organismo continúa expuesto al estresor de forma prolongada, reaparecen los síntomas característicos de la reacción de alarma.

Basándonos de nuevo en el contexto actual, la etapa de agotamiento surgiría de los nuevos confinamientos que se dan en algunas ciudades y pueblos o de forma individual y familiar tras un contacto con una persona cercana que ha dado positivo en una prueba PCR, que presenta síntomas o incluso de los toques de queda que ya se aplican en algunas ciudades. En esta fase vuelve la frustración, el miedo a la incertidumbre e incluso sentimientos de indefensión, situaciones en las que la salud mental se ve cometida no sólo por el estresor principal, si no por otras razones socio económicas, laborales y de salud de forma más directa que nos afectan. De nuevo, existe una vulnerabilidad psicológica hacia problemas relacionados con la depresión, trastornos adaptativos, trastornos de ansiedad e incluso trastornos de estrés prostraumático en sanitarios y pacientes que conviven con secuelas.

¿Qué pasa con la gente que va contracorriente?

Esta situación no es tomada por todos de igual modo, ya que aún queda una minoría denominada “negacionistas”, que deciden de forma unilaterial no cumplir las recomendaciones preventivas.

No hay una única explicación que podamos generalizar, pero sí podemos valorar ciertas variables psicológicas que influyen en por qué estas personas deciden no seguir los protocolos de prevención, poniendo en riesgo su propia salud, la de las personas que conviven con él y de manera menos directa, la de toda la sociedad. Podemos hacer un primer análisis para valorar si se trata de personas que suelen “dar la nota” y toman como habitual la rebeldía y egoísmo ante la sociedad, si se produce debido a ideas sobrevaloradas políticas o sociales o por cuestiones como “indiferencia a la muerte” u otros factores como la soledad que se suele dar en personas mayores.

Estas personas generalmente tienen un pensamiento basado en el “sesgo confirmatorio”, se rodean de personas que piensan igual y buscan información que confirmen estos pensamientos sesgados, alejados de la evidencia científica actual. Junto con esto, existe un optimismo ilusorio y una creencia de que nada malo les va a pasar a ellos, de que el virus solamente afecta a personas con patologías previas o mayores, algo que es totalmente falso.

La psicología en tiempos de COVID-19

La psicología cuenta con suficiente evidencia científica, para tener un papel destacado en la lucha contra el COVID-19. La salud mental afecta al sistema inmune, variables de tipo social, el ejercicio físico, la práctica de relajación o trastornos psicológicos como la depresión afectan a la resistencia inmunológica.

En este ambiente cambiante, angustioso y con dificultades para la asistencia presencial, las intervenciones psicológicas deben ser dinámicas, adaptarse de forma fácil y precisa a las diferentes etapas de la pandemia y de la enfermedad. De la misma forma, se precisa realizar un seguimiento más intensivo a personas con enfermedades mentales que pueden ver su cuadro agravado por el confinamiento o la situación actual.

En este segundo brote la intervención psicológica debería ir destinada hacia dos objetivos fundamentales:

  • Intervención dirigida al miedo al contagio y síntomas de hipocondría.

  • Intervención por la dificultad en la adaptación, estrés, problemas de ansiedad, depresión, atención a problemas mentales graves o atención a víctimas de violencia de género que han pasado el confinamiento con su agresor y menores afectados, duelos complicados o conductas suicidas entre otros.

Todas las intervenciones deben ser individualizadas según el paciente, valorando sus fortalezas, el proceso que esté atravesando, sus necesidades psicológicas, si está pasando la enfermedad, la ha pasado o un familiar se encuentra contagiado.

La prevención es actualmente nuestro mejor arma, todos podemos contribuir usando la mascarilla, realizar una correcta higiene de manos de forma frecuente y respetando la distancia de seguridad.

Los diferentes Colegios de Psicólogos de España, coinciden en una serie de recomendaciones básicas que pueden ayudar a disminuir la ansiedad y ser más conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor:

  • Infórmate mediante la consulta de fuentes oficiales y evita la sobreinformación. En esta era digital es muy común encontrar noticias falsas e inventadas, por ese motivo vigila que sea fuentes fiables y contrastadas.

  • Adapta tus hábitos a esta situación. Hay muchas opciones que podemos hacer para continuar nuestros hábitos de una forma segura, tales como reuniones familiares vía Skype, ejercicio físico en gimnasios virtuales o al aire libre, teletrabajo (si es posible).

  • Acepta pequeños riesgos. Es cierto que es necesario mantener una distancia de seguridad para prevenir el contagio del virus. Pero, también es cierto que somos seres sociales y que necesitamos de las relaciones sociales para cubrir necesidades también importantes.

  • Valora, comprende y expresa tus emociones y sentimientos. El apoyo social es fundamental en tiempos de crisis. La famosa “distancia social” es simplemente física, tenemos muchas herramientas para contactar con amigos y familiares y compartir nuestras inquietudes y preocupaciones.

  • Consulta con un psicólogo si crees que esta situación te está afectando hasta el punto de limitar tu vida o no saber cómo gestionar las emociones y sentimientos que te produce.

Referencias Biblográficas


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Comentarios

Rafael Sánchez Esteban

hace 8 meses #1

si esto ya aburre

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