La guerra mundial en la mochila.

No cabe toda, pero si una parte de ella.

Por muy pequeña que sea. Y lo mejor de todo es que no está en el interior, sino repartida por el exterior. Las de POHORYLLE son mochilas bélicas para tiempos de paz.

Buena parte de los elementos que incorporan estuvieron combatiendo en primera línea de un frente que no paró de pegar tiros hasta 1945. Ahora, como homenaje al recuerdo de un triste momento de la historia que no se debe olvidar, están en otro frente mucho más pacífico: el de la moda.

Desgraciadamente a mediados del siglo pasado durante 5 largos años más largos que la trayectoria de una bala de cañón, los desfiles en medio mundo no eran de pasarela. La moda -la otra moda- consistía en matarse unos a otros.

Año 2021: ahora POHORYLLE confecciona mochilas y bolsos con las telas procedentes de los petates militares de aquel entonces. Y lo hace artesanalmente. Como fiel y pacifista testimonio de algo que sucedió, pero que nunca debería haber sucedido.

Curiosamente, la firma española ubicada en San Sebastián, ha convertido este complemento en objeto de deseo por su exclusividad y autenticidad. Para esta colección de piezas únicas, llamada The 1/1 Collection, sus fundadores, Tomás López, formado en marroquinería en LOEWE y Arantxa Enríquez, fotógrafa profesional, han utilizado, además de las bolsas militares, antiguos linos, lanas nórdicas y de alpaca ecuatoriana tejida de manera artesanal, denim japonés y español y lonas enceradas.

Tomás dispara: "por regla general compramos las telas en España y Escocia, el cuero vegetal en España, los remaches de cobre macizo en Nueva York, porque solo los tienen allí, y las lonas militares aquí y allá, donde vamos encontrándolas. Son las mejores en resistencia y calidad pero no es fácil encontrar buenos materiales, por eso nuestra producción es tan limitada y tan exclusiva; y por eso también, las piezas que fabricamos pueden contener imperfecciones, que no deberían verse como un defecto. Creemos que esto hace a cada Pohorylle realmente única, dotándole de una personalidad propia".

La lona empleada procede, en su mayoría, de petates militares de la marina holandesa; de bolsas militares antiguas y telas especiales que ya no se fabrican, pero que se encuentran en perfecto estado mezclados con tejidos nuevos muy seleccionados.

El cuero utilizado en esta colección en concreto es cuero curtido vegetal de primera calidad. Lo suficientemente fuerte como para durar toda una vida. Con el tiempo se convertirá en cuero suave y flexible, desarrollando una pátina que lo hará único e irrepetible:

Este es el método más respetuoso con el medio ambiente, ya que no tiene acabados sintéticos ni se utilizan productos químicos durante el proceso de curtido. Eso sí, su color puede verse alterado con la exposición continuada a la luz solar.

Ninguna piel de curtido vegetal es igual. El cuero de primera calidad no permanecerá perfecto. Se arañará, será irregular en su tonalidad y en su textura, pero eso es lo que le hace envejecer maravillosamente con el tiempo. Como curtido en las mil batallas de una larga guerra.

Cada mochila o bolso están numerados porque se trata de un complemento confeccionado a mano. Todos en un mismo taller y sin prisas. Quienes la tienen por hacerse con ellos son los clientes. A muchos les toca esperar ya que se venden inmediatamente nada más subirlos a la web a unos precios entre los 125 y 250 €.

"Trabajamos según vamos teniendo materia prima y tenemos la suerte de que los clientes, tanto locales como internacionales valoran muchísimo el trabajo artesano y el mimo con el que están hechas las piezas. Ahora nuestro taller está en San Sebastián, pero tenemos previsto montar otro en Madrid en cuanto la situación nos lo permita", asegura Tomás.

Los materiales se rediseñan respetando las decoloraciones que presentan algunas piezas y que no deben verse como un defecto, sino como el resultado de un envejecimiento natural que proporciona a cada mochila una personalidad única. No hay dos iguales.

De hecho, muchas de ellas conservan las serigrafías originales, las inscripciones de sus primeros propietarios y hasta parte de sus antiguos herrajes. Esto ayuda a mostrar la naturaleza única del material. Por eso para conseguirlo, a menudo hay que esperar. Pero nada de luchar; ni mucho menos batallar. Que eso es para las guerras.

…Y nunca ninguna ha valido la pena…

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https://www.expansion.com/fueradeserie/moda-y-caprichos/2021/02/15/60191bd0468aeb187a8b45f2.html

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La guerra mundial en la mochila.


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