Rita Tonelli

hace 3 años · 1 min. de lectura · visibility ~100 ·

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La confianza... un juicio poderoso -Parte dos-

La confianza... un juicio poderoso -Parte dos-

En la parte uno de este post, La Confianza… Un Juicio Poderoso -Parte Uno  te había dicho que “La  prudencia también confía, sólo que toma precauciones.”

Y este juicio es válido a partir de su base en cuatro pilares fundamentales.

1.- Confiar en uno mismo:

2.- Confianza en los demás (la que se construye a través del tiempo): “En 26 ocasiones me confiaron un tiro para ganar el juego…y fallé. Y así he fallado una y otra vez en mi vida. Pero seguí intentándolo, confiando en mi para responder a la confianza de los otros, y por todo eso es que triunfé”. Michael Jordan

3.- Confianza en un Ser Superior:

Cuentan que un alpinista ateo, desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía después de años de preparación.

Pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros. Empezó a escalar y se le fue haciendo tarde, y más tarde. No se preparó para acampar, sino que siguió subiendo decidido a llegar a la cima, hasta que se hizo la oscuridad. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña; ya no podía ver absolutamente nada. Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, resbaló y se desplomó… Caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad, mientras sufría la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo… y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida. Pensaba que iba a morir; sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo partió en dos…Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura. Después de un momento de quietud, suspendido por los aires, gritó con todas sus fuerzas:

-¡¡¡Ayúdame Dios mío!!!

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó:

-¿Qué quieres que haga, hijo mío?

-Sálvame, Dios mío.

-¿Realmente crees que te pueda salvar?

-Por supuesto, Señor.

-Entonces, corta la cuerda que te sostiene…

Mira el final del cuento aquí


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