Luis Alberto Bandeira Machuca

hace 2 años · 2 min. de lectura · visibility 0 ·

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Gruñón gruñó.

No era para menos…

Había que quejarse. Gruñón es un pez que habita en la costa californiana. Era el momento adecuado para su desove. Pero este año algo se lo impidió. Y fue la pasarela que la firma SAINT LAURENT instaló sobre la “playa perdida” de Malibú.

El que se encontró bastante perdido fue el famoso vertebrado, al que le partieron por la columna sus expectativas de reproducción. Ya desde un principio se lo olió. Al pez le daba mala espina. Y así fue. Acabó la mar de cabreado. El evento se saltó toda la normativa conservacionista que impera en la zona y que, como consecuencia, interrumpió un importante proceso de reproducción.

Por muy sostenibles que fuesen los diseños de Anthony Vaccarello, hicieron insostenibles otras necesidades diseñadas hace millones de años por la naturaleza. Es otro acontecimiento, que pasa más desapercibido, pero no por eso es menos importante. Tiene lugar anualmente en el acantilado, cuando el sol californiano se esconde tras el Océano Pacífico.

El idílico escenario, soñado por cualquier firma de lujo para sus desfiles, dio origen a una nueva polémica medioambiental. ¿De verdad deben celebrarse eventos como este en parajes naturales?

Las tijeras que cortaron las prendas también cortaron las expectativas de procrear de una especie protegida. O sea, mucha creación textil, pero poca creación animal. Unos cuantos ricos esperaban sobre la arena sugerencias para completar su fondo de armario. En el fondo marino, muy cerca de la playa, miles de gruñones esperaban y desesperaban para llevar a cabo su función reproductora.

Por allí pasaban los modelos. Al mismo tiempo que los asistentes al desfile -me gustaría pensar que inconscientemente- pasaban olímpicamente del compromiso ecológico. En realidad, se encontraban “como pez en el agua”.

Al parecer, el pobre animal debía desovar en la arena esa misma noche, una misión difícil (por no decir imposible) teniendo en cuenta que la playa estaba cubierta por una improvisada pasarela.

La localidad es una de las más cuidadosas de California con la naturaleza y no permite el uso de bolsas de plástico para hacer la compra ni una iluminación nocturna demasiado potente que impida ver las estrellas.

Los ciudadanos de Malibú y las autoridades han denunciado que la firma violó las regulaciones que protegen la flora, fauna y entorno de la playa Paradise Cove, en la que se celebró el show. Una ola de indignación recorrió la costa.

Pero alguien debió conceder los permisos. Y es evidente que quien lo hizo “está pez” en la normativa medioambiental que rige en su demarcación. En el desfile, las luces superaron los niveles autorizados y los asistentes bebieron en botellas de plástico. Motivos sobrados para que no pocos ciudadanos escribieran cartas al ayuntamiento quejándose de lo ocurrido.

Con motivo de tal incidente valió la pena aprovechar también la oportunidad para denunciar la cantidad de materiales y recursos que se utilizan al montar el set de un desfile que, tras unas horas, terminan siendo descartados y desechados.

Sostenibilidad es la palabra de moda. Más de moda que la propia moda. Pero para que sea efectiva no basta con pasearla de boca en boca. Hay que llevarla a la práctica. Está muy bien que los diseños sean sostenibles, pero siempre que las pasarelas no sean insostenibles, como ocurrió en este caso. ¡A ver si vamos aprendiendo!

Gruñón gruñó. Y con razón.

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https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/saint-laurent-desfile-desastre-medioambiental-malibu/?por=mosaico

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Gruñón gruñó.


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