Enrique de la Rica

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¿Grecia o Silicon Valley?


Hace años que dejó de preocuparnos el cambio; ahora el problema es la aceleración a la que se producen los cambios. La tecnología puesta al servicio de la generación de valor a través del talento está dinamizando los procesos innovadores y transformando la sociedad de manera radical.  Trato de imaginar como será la década de los 20, momento en el cual mis  dos hijos se incorporarán al mercado laboral e intuyo que será un entorno significativamente diferente al nuestro. Están en una etapa en la que han de tomar sus decisiones con respecto a lo que estudiarán; y si esta decisión siempre ha sido para muchos compleja, más lo será para ellos, porque seguro que una tercera parte de los empleos actuales desaparecerán en los próximos quince años.  Pueden estudiar muchas carreras que les servirían para trabajar si fueran capaces de viajar en el tiempo y regresar a 1980. Pero si quieren trabajar en el 2025 han de ser muy selectivos a la hora de orientar sus esfuerzos y su preparación, siendo las palabras clave creatividad, competitividad y superespecialización: hagas lo que hagas, que tu creatividad sea la clave y procura que sean pocos los que lo hacen o trata de ser el mejor.

Hace años el mundo comenzó a dividirse entre los que trabajan con su músculo y quiénes lo hacen con su talento. Hoy el mundo se está dividiendo entre los que tienen un talento capaz de generar valor (trabajadores altamente cualificados) y los que a duras sobrevivirán entorno a ellos. El mundo en los próximos años se polarizará. Veremos espacios en los que se concentrarán trabajadores altamente cualificados (nodos de innovación) que acapararán la mayor parte del crecimiento económico y serán los únicos espacios del planeta en los que se pueda preservar una elevada calidad de vida (estado de bienestar traducido en seguridad, sanidad, pensiones….). Estos polos actuarán como catalizadores para el desarrollo de otras zonas geográficas que podrán sobrevivir a su rebufo. Fuera de estos espacios de innovación el futuro lo percibo como muy incierto.

Estos polos de innovación actuarán como imanes atrayendo al talento, a ese pequeño porcentaje de personas capaces de generar mucho valor añadido. Gracias a ese selecto grupo de personas, florecerá dentro del polo un amplio mercado de servicios destinados a satisfacer las necesidades de la clase innovadora (servicios culturales,  de ocio, gastronómicos, sanidad, estrellas del deporte….). Personas cuya función consistirá en garantizar el bienestar de la clase innovadora para que ésta pueda concentrarse en la generación de valor y garantizar así la evolución y permanencia del polo.

La tecnología está acabando con los puestos de trabajo productivos. Las nuevas tecnologías de fabricación y automatización como la robótica o la impresión 3-D revolucionarán los patrones laborales, lo que afectará especialmente a los trabajadores semicualificados que verán como son sustituidos inevitablemente por nuevas tecnologías. No solo en la industria, sino en los servicios, donde muchas de estas ocupaciones son susceptibles de ser automatizadas en la próxima década.  Los taxistas, conductores de autobús, de metro, transportistas, mensajeros, cajeros de supermercado, … no serán necesarios dentro de los modernos polos de innovación. Los administrativos, contables y todas las personas que desarrollan un trabajo de oficina convencional serán paulatinamente desplazados por tecnología. El perfeccionamiento de los bots –programas informáticos que imitan el comportamiento humano y son capaces de ejecutar tareas automatizadas a altísimas velocidades–, podrá reducir sustancialmente la mano de obra en varios sectores. Y a medida que la inteligencia artificial evolucione, ésta irá desplazando a capital humanos cada vez más cualificado: asesores fiscales, consultores, comerciales, arquitectos….. Solo se salvarán aquellos cuyo talento realmente genera alto valor y aquellos que trabajen esencialmente con su creatividad. La inteligencia dejará de ser un factor que garantice un trabajo; la creatividad será un elemento determinante.  Un porcentaje muy elevado de los trabajadores actuales experimentarán una degradación de la calidad de sus empleos y sobre todo, de su remuneración. La competencia de los mercados emergentes y el desarrollo tecnológico hundirán los salarios y los ingresos para la seguridad social. A finales del pasado Siglo el cambio tecnológico no se tradujo en un paro masivo gracias a la creación de nuevas profesiones que respondían a nuevas necesidades.  ¿Hasta qué punto  seremos capaces de hacerlo ahora?

La polarización incentivará las desigualdades. Unos pocos se llevarán todo. Es el nuevo paradigma, nos guste o no. Los profesionales más cualificados y las personas hiperespecializadas acapararán la mayor parte de los ingresos (dentro del polo) mientras el resto (fuera del polo) luchará por sobrevivir. Las empresas grandes crecerán, porque serán capaces de atraer talento, remunerarlo y rentabilizarlo en mercados globales. Las pequeñas y las medianas no tendrá opción. Un país como España, plagado de pymes, corre un serio peligro. Hemos de comenzar ya a apostar por fusiones, integraciones y la creación de empresas de mayor tamaño. Junto a las grandes cohabitarán las startups de base tecnológica y aquellas hiperespecializadas en servicios avanzados y las que ocupen un nicho muy específico siguiendo el modelo de long tail. Es hora de iniciar un debate: ¿hasta qué punto hemos de seguir incentivando las pymes? Puede ser pan para hoy….

Las clases medias occidentales tal vez hayan iniciado el camino hacia su desaparición. Ya se que son la esencia de nuestro sistema, de nuestra sociedad. Pero el declive de sus ingresos y de sus expectativas, al cual estamos asistiendo desde que ha comenzado el tercer milenio, se acrecentará. Los pobres seguirán siendo pobres; los ricos son cada vez más ricos y lo son a costa de las clases medias. Los estados occidentales están endeudados hasta las cejas y tendrán que destinar la mayor parte de sus ingresos a pagar las pensiones de su envejecida población y a afrontar los intereses de la deuda.

Si la referencia para ilustrar lo que será un polo de innovación la encontramos en Silicon Valley, el ejemplo de lo que espera a los países que no consigan el objetivo es Grecia. Hijos, os toca ahora elegir dónde pasaréis el resto de vuestras vidas: Grecia o Silicon Valley. Están en vuestras manos elegir pero ya sabéis el camino que habréis de recorrer en función del destino deseado.

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