Luis Alberto Bandeira Machuca

hace 3 años · 2 min. de lectura · visibility ~10 ·

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Espejito, espejito.

Espejito, dime tú: ¿quién es la más bella del reino?

A las nuevas pantallas táctiles que algunas firmas de moda van introduciendo en sus probadores casi se les puede preguntar, como hacía la reina malvada del cuento de Blancanieves y los siete enanitos.

Muchos años después de la obra de los hermanos Grimm el relato se repite. Los espejos de los probadores de las principales tiendas de moda están dispuestos a devolvernos una imagen más agradable de nosotros mismos. Distorsionada, pero mejor. Que es de lo que se trata.

Aquí el cuento es otro: “érase una vez una tienda obsesionada por vender…”. Pero, a los efectos, sirve. Una vez más, el fin justifica los medios. Y para eso nada mejor que quitar los miedos de en medio. Más aún, tratándose de una consumidora (o consumidor) de moda, deseoso de experimentar una maravillosa metamorfosis, toda una espectacular transformación.

Luego pasa lo que pasa: tras un largo día de compras, “los vaqueros que te hacían un cuerpazo en la tienda parecen un saco de patatas cuando te los has embutido en casa”.

El cuerpo que los calza es el mismo, pero la ilusión inicial se ha desvanecido. Venido abajo como un castillo de naipes. Ya no es ese sólido castillo que aparecía en el cuento.

Y es que los espejos de las tiendas de moda tienen mucho de eso. De cuento de hadas (y hados). Los que hemos utilizado los servicios de fotógrafos de moda lo sabemos: la fotografía engorda. Por eso, para contrarrestar el efecto indeseado, lo mejor, por si acaso, sería un espejo virtual, que adelgace. -(¡qué ilusión!)-.

Así lo único que aumenta de volumen y de peso son las ventas. Sería como mirarse a través de un retrovisor que devuelva una imagen unos cuantos años más joven. Que, de paso, dé la sensación de un cuerpo más ligero. Que dé la talla. Y a ser posible una o dos menos.

El diario EL ESPAÑOL ha querido comprobarlo de primera mano. El reto era simple: acudir a diez tiendas con ropa básica -camiseta de tirantes blanca y pantalones vaqueros- e inmortalizar en una foto cómo cambia el cuerpo de una persona según esté en un habitáculo u otro. La reportera sería la encargada de demostrar el engaño de los espejos.

De todos los probadores en los que entró -y no eran pocos- tal vez el que sale peor parado para los intereses comerciales de la firma sea el de EL CORTE INGLÉS. Como suele ocurrir, “en casa del herrero, cuchillo de palo”. La cadena que ostenta por excelencia en su marca un nombre genérico de confección, es la que menos se preocupa por que la moda quede mona.

En el de la cadena STRADIVARIUS, el reflejo daba hasta la sensación de que la interesada fuese maquillada. Circunstancia que no se producía.

Los trucos de los magnates del marketing han quedado al descubierto: en general, el probador en el que tendrás esa silueta que la sociedad considera ‘ideal’ es un habitáculo diáfano con grandes y estrechos espejos. El mejor tipo de iluminación es la luz indirecta, cálida pero sin caer en el tungsteno, y suave para no crear sombras duras.

Tampoco hay que olvidar los elementos intangibles que completan la experiencia de compra: un ambientador sutil, pero agradable, y un cuidado hilo musical pueden convertir un acto corriente en una versión reducida de la PASARELA CIBELES.

El enlace de más abajo facilita las percepciones y sensaciones que la reportera experimentó en cada caso. Subjetivas, por supuesto. Pero no cabe duda de que, con mayor o menor fortuna, detrás de ellas había una clara intención: vender.

La conclusión es sencilla: más tarde, las circunstancias nos devolverán a la cruda realidad. No es “oro todo lo que reluce”. Y esa realidad, arropada por sus condicionantes, nos lleva de nuevo al mundo de la ficción. Más parecido al de otro cuento: “El rey está desnudo”, del danés Hans Christian Andersen.

Allí, el mismísimo rey -el consumidor de hoy, según dicen los manuales del marketing ese- se dejaba engañar. Ni la tela era la más suave. Ni la más delicada. Ni siquiera tenía la capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz. Sencillamente: el rey iba en pelotas.

De la cara que se nos queda a muchos cuando experimentamos que las gozosas sensaciones del probador se han esfumado, mejor ni hablar.

De eso, ni le cuento.

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https://www.elespanol.com/reportajes/20180813/enganan-espejos-probadores-zara-primark-hm-no/329967066_0.html

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Espejito, espejito.

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