Ericsson, con viento de cara, desarrolla antenas baratas de papel

“Ericsson acelera la cuarta revolución industrial”; “Ericsson, de reparar teléfonos a impulsar el 5G”; “Ericsson líder tecnológico y de mercado en 5G”; estos son sólo algunos de los titulares que a lo largo del mes de marzo ha generado Ericsson en la prensa española. Claramente posicionada y gran impulsora de la nueva era tecnológica y, por ende, de la sociedad digital y de la nueva forma de vivir que está a punto de llegar, Ericsson ha vivido lo que se podría denominar el bache post generacional, aquel que en más de una ocasión se ha dejado sentir y que afecta a quienes están obligados a caminar con un pie en el suelo y el otro tan adelantado que puedes perder el equilibrio.
El presidente de Ericsson en España es José Antonio López: ejecutivo carismático, alineado con la compañía y su estrategia, influyente en términos sectoriales y con un discurso directo y claro, siempre un punto provocador, que, cuando menos invita a la reflexión. López, considera que el año 2018, para Ericsson, fue muy importante y expresa abiertamente su satisfacción: “Se ha demostrado que la difícil estrategia por la que optamos en un momento dado y con respecto a la cual hubo mucho escéptico, funcionó; y así se lo hemos demostrado a los clientes, a los accionistas y a los empleados”.
Y es que, hay que recordar que 2017 fue muy duro para la compañía en términos económicos, empresariales y laborales. Por el contrario, en 2018 mejoró financieramente, se mejoró en caja, se volvió a crecer en ventas (no se crecía desde 2013), ganaron cuota de mercado y, según explican, “los clientes nos perciben como mejores en los dominios donde estábamos, tanto que hemos mejorado notoriamente en satisfacción de cliente y la cotización subió casi un 60%”.
Telefonía y Comunicaciones - ¿Qué ha ocurrido para que el rumbo y los resultados de Ericsson hayan cambiado de forma tan constatable? ¿Se han superado los errores?
José Antonio López - Pues, seguro que hemos hecho cosas mal, pero el resultado ha sido bueno. En concreto en España, vivimos momentos duros; se decidió desinvertir en los activos y en la gente adquirida tras la compra de Abentel (EFF), cuya integración nos había llevado mucho tiempo culminar y esto supuso un cambio de estrategia que, lógicamente, nos afectó.
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