Maria Luisa Gallego Bravo

hace 1 año · 4 min. de lectura · visibility ~10 ·

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El reloj social… ¿Hasta qué edad está permitido luchar por los sueños?

Artículo publicado en mi web: marilu17793.wixsite.com/psicoteando ¡Visítame!


  Vivimos atados al reloj, es una realidad. Cada año tiene 12 meses y 365 días o 366 si es bisiesto, al igual que cada día tiene 24 horas o 1440 minutos. Cada día intentamos gestionar el tiempo lo mejor que podemos, nos despertamos en base a una rutina, a una determinada hora tenemos que estar en nuestro puesto de trabajo o en comenzando a estudiar, tenemos una hora de descanso para comer o debemos dejar cierta tarea preparada en un tiempo determinado. Todo lo controlamos a través del tiempo, con la ayuda de un reloj.

   Pero no sólo nos regimos por un tiempo físico, la sociedad también nos impone un reloj para realizar ciertas tareas o propósitos en nuestra vida, el denominado reloj social. Pero ¿es nuestra “obligación”, como partícipes de esa sociedad, adaptarnos a él?.

El reloj social… ¿Hasta qué edad está permitido luchar por los sueños?

                                                                           Photo by NeONBRAND on Unsplash

¿Quién nos ha impuesto este reloj social?

  Cuando nacemos, pasamos a formar parte de nuestro núcleo familiar, el cuál entre otras muchas funciones se encargará de hacernos partícipes de ciertas normas, valores y símbolos que representan o que son genuinos de la sociedad a la que pertenecemos.

  La socialización consiste en los procesos de familiarización y adquisición de aquellas características sobre las que hay un acuerdo social, para en un futuro poder cubrir la necesidad de desenvolvernos dentro de un marco cultural determinado. Estas enseñanzas se desarrollan a lo largo de toda la vida, adaptándose a la edad, necesidades y la adquisición de diferentes estatus (infante, estudiante, adulto joven, trabajador en un determinado sector, puesto de alto rango etc.).

  El reloj social, se refiere a representaciones temporales colectivas que están vinculadas a la realización de acciones, planes de vida, formas de producción o proyectos evolutivos. Cada sociedad y cada generación, se adapta o modifica el tiempo social en base a sus propias experiencias, necesidades, así como variables socioeconómicas (crisis económicas, guerras etc). Así mismo, los relojes sociales nos afectan más cuando tenemos menos edad, por ejemplo a nivel legal nos impone que tenemos que tener une determinada formación en centros reglados. A medida que vamos creciendo, hay más diferencias interpersonales y el reloj social se vuelve más laxo, pero no por ello deja de influenciarnos por ejemplo en la edad de dejar la casa familiar sobre los 20 o 30 años, de trabajar, tener un hijo, ser independiente económicamente, formar una familia etc.

  Durante los últimos años, como sociedad hemos vivido una gran aceleración asociada a la creación y explosión de las nuevas tecnologías. Junto a esto, también estamos viviendo una desaceleración del reloj social permitiéndonos una mayor latencia temporal para formar un proyecto personal óptimo, una independencia que dé seguridad, proyectos laborales que nos proporcionen estabilidad económica o la formación de una familia. Todo esto influenciado por supuesto, por un contexto sociocultural y político distinto al de otras generaciones. Estas circunstancias influyen de forma directa e indirecta en el reloj social y nos afecta a nivel conductual, cognitivo, fisiológico y emocional e incluso en nuestra forma de comunicarnos.

¿Estamos empezando a valorar más el “reloj individual”?

  En la actualidad, seguimos sintiendo la presión del paso del tiempo, como si a partir de cierta edad ya no pudiéramos tener ciertos objetivos personales o profesionales, como si intentar conseguir un mejor empleo, una nueva vivienda o un nuevo proyecto personal o profesional fuera sólo cosa de jóvenes.

  “Ir a contrarreloj” también tiene sus implicaciones psicológicas, puede aumentar la ansiedad, la desmotivación, el sentimiento de culpa o de haber desperdiciado el tiempo, puede aumentar los sentimientos de frustración o vergüenza hacia uno mismo. Incluso nos puede llegar a hacer sentir incómodos en situaciones sociales, en los que podemos evitar hablar de ciertos temas, o tener pensamientos sobre “qué pensarán de nosotros” y con ello volvernos más introvertidos o evitar situaciones sociales. Todo esto puede llegar a ser realmente doloroso a nivel psicológico.

  El mayor error que cometemos es el compararnos con los demás, como si dos personas fueran exactamente iguales, con las mismas vivencias y los mismos sueños y dudas. Esta comparación hace que nos sentamos acomplejados y pequeños y, por supuesto no nos beneficia. Tendemos a ser muy flexibles con los demás y muy duros con nosotros mismos. ¿Has pensado en qué le dirías a un buen amigo que está en tu misma situación?, ¿le animarías si él está totalmente convencido de sus decisiones?.

  A nivel personal, me planteo si en la actualidad estamos generando una forma de pensamiento diferente como sociedad. ¿Por fin se ha relativizado la edad cronológica, no siendo esta indicativo de la organización de la vida de una persona?. Cada vez, hay más gente que decide emprender, estudiar o dar un giro a su vida a edades más tardías.

  Cumplir años también nos da ciertas ventajas como la seguridad en nosotros mismos, experiencias o nuevos aprendizajes que nos ayudan en diferentes facetas de nuestra vida. ¿Alguna vez habéis oído decir a vuestros abuelos o padres, ojalá tuviera treinta años menos con todo lo que sé ahora?, cuánta razón en esta frase.

  No obstante, también soy consciente de la discriminación por la edad que se da en los ámbitos laboral y social, siendo cada vez más combatida. Quizá por esto me he animado a escribir este artículo, dando una visión más optimista y queriendo hacer llegar mi apoyo a todo aquel que lo necesite.

  Cuando alguien me pregunta si es muy mayor para hacer algo, siempre contesto “estás en tu momento”, y es totalmente real. Nadie ha vivido la vida de uno mismo, quizá antes no te habías dado cuenta de que a lo que te quieres dedicar te apasiona, o estabas muy perdido o perdida buscando tu vocación o quizá simplemente es el momento en el que te apetece hacerlo. Siempre amino a tener un “egoísmo sano”, a centrarnos en nuestros objetivos, no dejándonos afectar por comentarios o críticas que no son constructivas, y reforzando cada paso que damos hacia nuestro éxito. Porque según la sociedad….¿hasta qué edad está permitido luchar por los sueños?.

Referencias Bibliográficas

  • Bodoque, Y. (2001). Tiempo biológico y tiempo social. Aproximación al análisis del ciclo de vida de las mujeres. Gazeta de Antropología, 2001, 17, artículo 12 · http://hdl.handle.net/10481/7472

  • Lamas, M. C. y Lamas, A. M. (2019). Tiempo social y (des)encuentros generacionales. Aceleración y disincronía de los Gutemberg y Zuckerberg. Revista de Psicología, 18(2), 91-104. doi: 10.24215/2422572Xe039.

  • Dulcey, E y Urive, C. (2002). Psicología del ciclo vital: hacia una visión comprehensiva de la vida humana Revista Latinoamericana de Psicología, vol. 34, núm. 1-2, 2002, pp. 17-27.


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