Miguel Angel González

hace 1 año · 2 min. de lectura · visibility 0 ·

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El empleado, alguien importante o solo un numero en la ecuacion empresarial


El empleado, alguien importante o solo un numero en la ecuacion empresarial

El empleado. – Esa necesidad de la que todas las empresas deben hacerse cargo para que los resultados económicos y financieros se lleven a su materialización.

Esta es quizás, la definición más arcaica que define a un colaborador de una empresa. Podríamos ser más drásticos y decir que el empleado es el elemento físico que realiza un intercambio de horas de su tiempo para la consecución y materialización de un producto o servicio que será comercializado por la empresa, donde ambos recibirán normalmente una contraprestación en forma de sueldo o beneficio financiero.

Podemos pensar que mucho se ha avanzado desde la primera revolución industrial a mediados del siglo XVIII en Inglaterra, pero la realidad sigue siendo un perfecto encubrimiento de lo que en dicha revolución se empezó a sembrar. Es decir, la productividad manda, es algo que seguirá liderando las empresas hasta el final de los tiempos.

Lo que ahora es diferente, o mejor dicho, que causa diferenciación es la forma de gestionar el elemento motor de toda compañía y no me refiero al cliente, me refiero al empleado, esa pieza fácilmente reemplazable según la primera conceptualización de revolución industrial.

Es ahora más que nunca, con la digitalización y las nuevas tecnologías cuando las personas afrontan el mayor reto de su historia: avanzar y crecer sin perder la esencia humana que empezamos a compartir con las maquinas. No olvidemos que el mundo es como es, imagen y semejanza de las personas que vivimos en él, y producto de nuestras capacidades, bondades, maldades y planteamientos estratégicos que ponemos en el terreno operativo.

La productividad como un mero hecho mecánico y funcional no tiene sentido hoy en día. Antes que gestionar proyectos, maquinas o empresas, debemos gestionar y digo gestionar con letras mayúsculas a las personas que van a formar parte de dicho desempeño. Mucho se está hablando de empowerment, gestión del talento, plan de carrera,…, pero no nos damos cuenta de que seguimos fallando en la base, es decir, mentalidad empresa con foco en resultados en vez de mentalidad persona que sea capaz de comprometerse con una organización para dar lo mejor de sí misma.

Presumimos que cuidamos al cliente y no es del todo cierto, pero del empleado, poco decimos que hacemos más allá de un mero intercambio de tiempo-dinero.

Para que una empresa funcione, tiene que existir un vínculo de compromiso entre las personas que forman parte del motor de la empresa, desde el director general hasta el último empleado. Conciliación laboral, sentirse valorado, sentir que aportas valor y que eres escuchado todavía son utopías que solo existen en el plano teórico. Obviamente aquí se da un doble juego, trabajador que necesita un sueldo y por ello está dispuesto a renunciar a su esencia y empresas que necesitan fuerza operativa para sacar adelante los resultados. Es una melodía de seducción necesaria para ambas partes, pero que es fácilmente quebrable porque el enfoque no es persona – empresa. El enfoque es transaccional en vez de vinculante. Hasta que no seamos capaces de fomentar este compromiso con hechos y realidades, seguiremos pagando un alto precio por la producción y por el aprendizaje de continuos procesos de selección en el tiempo.


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