Maria Luisa Gallego Bravo

hace 1 año · 4 min. de lectura · visibility ~10 ·

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Depresión en ancianos

  La actual situación del COVID-19, ha propiciado un incremento de sintomatología ansiosa y depresiva en la población general. Los meses de estado de alarma han supuesto un verdadero tsunami de emociones para muchas personas.

  En el caso de la población anciana, se ha sumado un sentimiento de fragilidad al ser considerados por la comunidad científica como población de alto riesgo de mortalidad, sumado a una reducción significativa de comunicación social y una menor movilidad. La gran mayoría de ellos, tampoco tienen acceso a las nuevas tecnologías por lo que la comunicación se ha visto mermada, al tener que permanecer en sus domicilios. Además, también han visto incrementada su dependencia al tener que permanecer en casa y depender de personas más jóvenes y saludables para hacer la compra que ellos acostumbraban. Todo estos factores estresantes, contribuyen a la aparición de síntomas psicológicos en las personas de la tercera edad.

  Con este artículo me gustaría destacar los aspectos de la sintomatología depresiva en ancianos, la importancia de diferenciarla de otros procesos como el deterioro cognitivo y como gestionar estos síntomas desde una perspectiva profesional y familiar.

Depresión en ancianos

    • Depresión en ancianos

         Basándonos en el DSM-5, el trastorno depresivo se diagnosticaría cuando la persona afectada presente cinco o más de los siguientes síntomas, durante al menos dos semanas y siendo al menos uno de los síntomas el estado de ánimo deprimido (1) o la pérdida de interés o placer (2):

      • 1. Estado de ánimo deprimido o irritable la mayor parte del día, casi todos los días.
      • 2. Disminución importante del interés o placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día y casi todos los días.
      • 3. Pérdida o aumento importante de peso. así como aumento o disminución del apetito.
      • 4. Insomnio o hipersomnia frecuente.
      • 5. Agitación o retraso psicomotor casi todos los días.
      • 6. Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada (que puede ser delirante) casi todos los días.
      • 7. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi todos los días.
      • 8. Pensamientos de muerte recurrentes, ideas suicidas recurrentes sin un plan determinado, intento de suicidio o plan específico para llevarlo a cabo.

        La depresión es, junto con la demencia, la enfermedad mental más frecuente en ancianos, causando un importante sufrimiento para quien la padece y su entorno e interferiendo de forma negativa en la evolución de otras afecciones  médicas, e incrementando el consumo de recursos médicos y farmacológicos

        Sin embargo, los síntomas depresivos en las personas mayores son frecuentemente subestimados, a pesar de los numerosos estudios e investigaciones que indican una alta prevalencia. Los síntomas depresivos, pueden ser etiquetados como normativos dentro del proceso de envejecimiento y acontecimientos vitales asociados a esta (por ejemplo,  descenso de la autonomía, internalización en instituciones, preocupaciones por la salud o economía entre otras), o pueden confundirse con otras problemas mentales tales como el trastorno neurocognitivo.

         Existe una gran heterogeneidad en la sintomatología depresiva en la vejez, lo cual dificulta su diagnóstico y la realización un correcto diagnóstico diferencial. Alguno de estos rasgos diferenciales son:

      • Los episodios tienden a ser más crónicos, prolongados en el tiempo y de mayor gravedad.
      • Suele presentarse con sintomatología ansiosa y fobias, por ejemplo salir solo por si sufre caídas, miedo a la muerte, preocupaciones por su salud etc.
      •  A nivel conductual se pueden mostrar hostiles, suspicaces y poco colaboradores en su cuidado diario.
      •  Son comunes síntomas somáticos tales como dolor de cabeza, alteraciones de sueño, estreñimiento, dolor difuso, inquietud etc.
      •  Existencia de trastornos del sueño comorbidos, principalmente insomnio.
      •  Mayor resistencia al tratamiento psicológico y farmacológico.
      •  Afectación cognitiva severa, disminución de concentración, lagunas de memoria, enlentecimiento de las funciones ejecutivas o dificultad para mantener la atención.

         La detección se puede realizar mediante escalas de valoración geriátrica o bien mediante preguntas sencillas. La evaluación debe incluir pruebas neuropsicológicas y de screening con el fin de evaluar las funciones cognitivas, así como el estado de ánimo, posibles eventos precipitantes, apoyo social y hábitos diarios. Si se sospecha la presencia de síntomas depresivos se debe consultar a un profesional con el fin de que, en caso necesario, se pacte un tratamiento adecuado a sus necesidades.

      Posibles Causas

         Generalmente la depresión del anciano, ocurre debido a la conjunción de múltiples factores biológicos, psicológicos o sociales, que inciden de una u otra forma en base a la personalidad del usuario o paciente.

         Los factores psicosociales, suelen estar relacionados con temáticas familiares y personales. La aceptación del nuevo rol en la sociedad en muchas ocasiones no resulta sencillo, ya que suponen pérdidas personales, aislamiento, soledad, un nivel económico menor y una situación de dependencia física y emocional. Factores psicológicos como la culpa o patrones de pensamiento negativos y recidivantes, duelos por la muerte de un ser querido contribuyen de forma positiva a la aparición y mantenimiento de sintomatología. Junto a esto, las dolencias médicas como enfermedades previas o la toma frecuente de medicación y dependencia de esta, favorecen el desarrollo de depresión.

        En el caso de los factores biológicos como la carga genética, tienen un menor impacto en depresiones que comienzan en la tercera edad, siendo más importantes en los casos en los que el trastorno comience en la juventud.

      Pautas de tratamiento para familiares y profesionales

         Para realizar un correcto tratamiento, debemos realizar previamente una evaluación y diagnóstico diferencial adecuados, que nos permitan adecuar las pautas de forma personal y en base a las necesidades del anciano.

         Podemos decir, que los primeros pasos del tratamiento serían:

      • Tratar cualquier acontecimiento o factor estresante que pueda estar causando los síntomas. Evaluar posibles factores que coincidan con el inicio de la sintomatología y, en caso de ser posible, eliminarlo, reducir su frecuencia o ayudar al anciano a realizar un afrontamiento más eficaz.
      •  Reducir o eliminar cualquier medicamento que pueda estar empeorando los síntomas. Valorar la medicación junto con el profesional pertinente, ya que en ocasiones los fármacos interactúan entre sí, siendo una de las posibles causas de un estado de ánimo bajo e irritable.
      •  Evitar el alcohol y las benzodiacepinas ya que pueden producir irritabilidad y agitación psicomotora, además de sedación.
      •  Puede ocurrir que el anciano necesite medicación antidepresiva. Los médicos generalmente prescriben dosis más bajas de antidepresivos para las personas mayores e incrementan la dosis en forma más lenta que en los pacientes más jóvenes.

      Algunas pautas para manejar la depresión en el hogar o en una institución serían las siguientes:

      •  Animar al anciano a realizar ejercicio regularmente. Se puede realizar dentro del hogar en forma de gerontogimnasia o dando paseos (adecuados al estado físico), fuera del hogar.
      •  Realizar actividades de Reminiscencia, ya que contribuyen a dar un sentido global a la vida, recordar momentos felices y fomentar la comunicación intergeneracional.
      •  Rodear al anciano de personas cariñosas y positivas, capaces de analizar sus necesidades y cubrirlas. El contacto con cuidadores, familiares o amigos aumenta la satisfacción personal.
      •  Realizar actividades agradables de forma frecuente y mantener la mente activa. Realizar actividades de estimulación cognitiva que incluyan ejercicios que fomenten el uso de la memoria, atención, funciones ejecutivas y psicomotricidad.
      •  Tener hábitos de sueño regulares, dormir de 7 a 8 horas e incluir una siesta si es se considera necesario.
      •  Alimentarse adecuadamente, realizar cinco comidas al día y en un horario establecido.
      •  Vigilar y reconocer signos y síntomas tempranos de depresión.
      •  Evitar bebidas alcohólicas o reducirlas a días puntuales.
      •  Hablar de sus sentimientos y emociones.
      •  Tomar la medicación de forma adecuada y regularmente.

      Referencias bibliográficas

      - Abbasi O, Burke WJ. Depression. In: Ham RJ, Sloane PD, Warshaw GA, Potter JF, Flaherty E, (2014) eds. Ham's Primary Care Geriatrics: A Case-Based Approach. 6th ed. Philadelphia, PA: Elsevier Saunders; chap 18.

      - Asociación Americana de Psiquiatría. (2013). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (5 ª ed.) DSM-5. Arlington, VA: American Psychiatric Publishing

      - Gonzalez, M. (2001). Depresión en ancianos, un problema de todos. Revista cubana de medicina general integral. ISSN 1561-3038.

      - Fox C, Hameed Y, Maidment I, Laidlaw K, Hilton A, Kishita N. Mental illness in older adults. In: Fillit HM, Rockwood K, Young J, (2017)  Brocklehurst's Textbook of Geriatric Medicine and Gerontology. 8th ed. Philadelphia, PA: Elsevier; 2017:chap 56.

      - Vallejo (2015). Introducción a la Psicopatología y psiquiatría. Capítulo 38.


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