Jorge Hernández Alonso

hace 3 años · 4 min. de lectura · visibility ~10 ·

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Casquería. ¿una de las palancas de la evolución humana?

Casquería. ¿una de las palancas de la evolución humana?La Casqueria

La culpa es de Atapuerca

Hace poco tiempo tuve la suerte de visitar el Parque y Complejo Arqueológico de Atapuerca con un guía de excepción: Ignacio Martínez Mendizábal. Nacho, así se presentó y así le llamaré, junto a gran parte de su equipo despertó en mi un hambre que jamás pensé que hubiera en mi interior. El ansia por saber y más concretamente por responder a la siguiente pregunta:

¿La alimentación de mis antecesores jugó un papel fundamental en la transformación de la especie?

¿Qué fue de lo que estudié en EGB?

Lo primero que me sorprendió de este periplo fue que muchos de aquellos estudios que cursé hace tiempo han sido sobrepasados por el trabajo realizado por este equipo. El más impactante sin duda es la existencia de Don Homo antecessor.

Una especie que no aparecía en mis libros de texto, pero que sin duda paseaba por la íbera península hace unos 800.000 años. Posiblemente el último ancestro común entre los humanos modernos y los neandertales.

Por el análisis de los huesos y el esmalte de sus dientes se puede afirmar que sus hábitos no solo eran de recolección. No se puede afirmar qué es lo que comía, pero sí que los alimentos eran duros y abrasivos. Este patrón puede contrastar con otras especies como el homo neanderthanlensis y parece indicar que mastican entre otras viandas huesos, también de su misma especie y lo hacían en crudo. Es innegable que recurrían a la antropofagia pero no se puede afirmar que tenga el simbolismo actual, más bien se podría enmarcar en un recurso nutricio. Intentar evaluar esta acción con los parámetros actuales, tanto éticos como culturales es en sí una aberración.

¿Qué tiene que ver eso con la casquería y la evolución anunciada en el título?

Pues tendremos que remontarlos más allá del género homo. Los primates de los que hemos evolucionado no son estrictamente veganos como se nos ha querido asegurar, posiblemente por modas culturales. Por ejemplo, los chimpancés o los gibones son omnívoros, e incluso pracfptican el canibalismo como el hommo antecesor. Pero sin lugar a duda su dieta estaba basada, como en el caso de los primeros homínidos en una alimentación folívora y frugívora como la de los gorilas y orangutanes.

Las consecuencias de este tipo de alimentos implica un menor aporte nutritivo, escasos aminoácidos, altas cantidades de fibra y como en el caso de los veganos nulo aporte de vitamina B12. Por ello, el sistema digestivo era más largo y tanto la musculatura maxilofacial como la dentadura eran mucho mayores que la nuestra.

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La razón del consumo de casquería y no tanto de carne

Aquellos primeros homínidos de grandes quijadas y potentes mofletes destinaban ímprobos esfuerzos de energía para digerir el follaje, las raíces y en tiempo adecuado las frutas. Pero algo ocurrió que le permitió tener acceso a otro tipo de alimentación que le suponía mucha menos energía, lo que actualmente recibe el término de ROI (Return On Investment) o retorno de inversión. La proteína presente en la carne.

Existe una correlación directa entre el crecimiento del cerebro de los homínidos y la disminución de su aparato digestivo, así como del tamaño de la mandíbula. Aunque no es tan relevante el tamaño del cerebro como su estructura y por supuesto, siempre en relación al tamaño del animal. Si no hiciéramos esta afirmación las ballenas sin duda tendría que darnos sopas con ondas en eso de la inteligencia.

Por supuesto esto no implica que sea la única razón que explique el salto evolutivo, pero es una variable a estudiar. Posiblemente entren en juego otros elementos con mayor importancia como los cambios climáticos y para quien lo crea conveniente la mano de Dios (recuerdo que un buen científico no puede descartar ninguna hipótesis).

No es lógico pensar que los monos bajaron de los árboles y abandonaron sus hábitos de alimentación vegetal por el de la caza, aunque algunos investigadores así lo propongan. La evolución es lenta y es mucho más sencillo suponer que los carnívoros aparecieron fruto de experiencias con menos riesgos como el consumo de la carroña. Pero también la evolución es caprichosa.

Menos riesgos y mucho más sencillo que la caza

Es obvio que abatir presas implica destrezas mucho mayores como el uso de recursos, fabricación de utensilios e incluso ciertas habilidades sociales más allá de las que poseían ciertos homínidos. Sin lugar a duda el homo habilis sí disponía de la capacidad de fabricación de herramientas líticas, mucho más que la de esos homínidos que podrían hacer uso de instrumentos de madera. Pero como curiosidad los monos capuchinos afilan piedras aunque no las usen como herramienta, sin embargo son capaces de usar rocas como morteros para abrir las nueces de cardamomo. Esto implica la posibilidad de que ciertos homínidos hicieran lo propio para romper los huesos y succionar el tuétano de los huesos y los cerebros de animales desechados por carnívoros cazadores. Como ya lo hacían las hienas y las aves quebrantahuesos sin necesidad de pertrechos.

Parece congruente pensar que aquellos ancestros eran no tanto cazadores y recolectores, sino oportunistas. Carroñeros, cazadores si lo riesgos no eran grandes y recolectores si el ambiente lo permitía.

Un cambio de dieta hacia la casquería

No se puede afirmar una correlación directa entre el hecho de consumir tuétano, encéfalo o carne y el posible desarrollo del cerebro. Pero lo que sí es seguro es que se produjo un cambio en la dieta durante la evolución de nuestros primerísimos ancestros que a su vez contribuía a un mayor desgaste energético ya que se pasó de un 10% de trabajo en reposo del cerebro a un 25% una cifra más que elevada.

¿El consumo de casquería trajo como consecuencia el desarrollo del cerebro o el cerebro al crecer obligó a comer proteínas de origen animal como alternativa a otras fuentes menos nutritivas? Adelanto que a día de hoy no hay respuesta.

Cerebro grande, intestino pequeño

Sea como fuere, el organismo de los homínidos se adaptó acortando el aparato digestivo para hacer frente a las demandas de consumo. Si el cerebro necesita más consumo y no se puede reducir el dirigido a otros órganos vitales como el corazón, los pulmones, los riñones,… el aparato digestivo es el más indicado. Por supuesto también la gracilidad, si somos más esbeltos menos masa tenemos que mover.

Afortunadamente lo que sí es seguro es que se conformó un cerebro más efectivo, con mayor capacidad de adaptación, improvisación y versatilidad.


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