Gabriel Nieto

hace 1 año · 5 min. de lectura · visibility ~10 ·

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CASOS-LÍMITE EN ÉTICA. UN EJEMPLO.

1.- NATURALEZA DE LOS CASOS-LÍMITE.

La ética puede definirse como la disciplina filosófica que reflexiona sobre la naturaleza moral de las acciones humanas. Dentro de esta amplia disciplina, los casos-límite son aquellas situaciones humanas en las que uno, dos o más principios éticos entran en grave contradicción en una, dos o más personas, de tal modo que afirmando uno de los principios se niega el otro u otros y viceversa. Su condición de límite-ético proviene precisamente de la dificultad que reside en armonizar los principios en contradicción. Supongamos dos principios éticos básicos: el deber médico de conservar la vida de un paciente, y el derecho del paciente a una vida digna. Ahora supongamos una situación que hace entrar en contradicción a ambos principios: un paciente con una enfermedad incurable siente graves dolores como consecuencia de su enfermedad y solicita una medicación para aliviar el dolor pero que acorta su vida. Como puede verse, en esta situación, ninguno de los dos principios, el deber médico de conservar la vida y el derecho individual de tener una vida lo más digna posible, puede actuar sin entrar en contradicción con el otro principio. Prolongar la vida requiere evitar la medicación, de modo que aumenta el sufrimiento; por el contrario, paliando el sufrimiento, se acorta la vida del paciente. Una solución justa requiere por tanto, respetar los dos principios. ¿Pero dónde está el término de lo justo en los casos-límite?

2.- ASUMIR LOS VALORES ÉTICOS EN CONTRADICCIÓN.

En el caso arriba indicado, el consenso suele ser elevado, pero existen situaciones que son escenario de un acalorado debate social, muchas veces sin puntos de encuentro. Una de estas situaciones, a la que ofreceremos hoy una tentativa de solución, es el caso de las mujeres que quedan embarazadas a consecuencia de una violación. Aquí, el caso-límite se forma por la confluencia contradictoria de al menos dos principios éticos: el derecho a la vida que tiene el ser humano en estado de cigoto, embrión o feto; y el derecho a la legítima defensa de la mujer que es víctima de una violación. Cabe indicar, que para las posturas radicales el caso-límite no existiría, pues o bien el ser humano aún no nacido carecería de derechos personales y en ese caso no tendría derecho a la vida; o bien la mujer que queda embarazada a consecuencia de una violación no puede ejercer su derecho a la defensa contra la situación creada por el cigoto, el embrión o el feto que lleva en su interior, porque este se considera una persona independiente del violador y la mujer embarazada no podría ejercer la defensa contra un ser inocente, como es el ser humano no nacido. 

CASOS-LÍMITE EN ÉTICA. UN EJEMPLO.
Un caso límite en bioética supone una divisoria en el camino.

Vistas así las cosas, no se puede llegar a un acuerdo, pues la primera postura no tiene en cuenta al ser humano en estado de gestación, y la segunda, sin más añadidos, parece no tener demasiado en cuenta a la mujer que ha sido violada si no le reconoce, en algún grado, el derecho a defenderse frente a los efectos de una violación. Sin embargo, el diálogo sigue siendo posible entre ambas posturas. En ocasiones basta con que cada una de ellas se haga cargo de proteger el derecho que la otra postura defiende de modo radical. Para evitar un estancamiento irreconciliable, la postura que defiende radicalmente el derecho a la vida de la persona humana en estado de embrión, debe quizás poner más atención, en la raíz del problema, que es la violación, para que sus razones comiencen a ser escuchadas por la otra postura. En este punto se puede recordar que el embarazo por causa de una violación, es considerado un problema ético, en primer lugar, no por causa del cigoto, embrión o feto, sino por ser el efecto no deseado de un acto muy grave contra la integridad y la vida misma de una mujer. El primer problema que ha aparecido en el tiempo y la causa generatriz del caso-límite, requiere asumir, por consiguiente, la cuestión de la defensa de la víctima frente a la violación y sus efectos.

Una vez asumido esto, se pueden crear cauces para que aquellas mujeres víctimas de una violación que no desean ejercer la maternidad, entreguen el hijo a instituciones estatales o de otro tipo. En este caso, la mujer embarazada por causa de una violación, aquella que así lo desee, no es obligada a ejercer completamente la maternidad, sino sólo a concebir el hijo, lo cual supone un modo de defenderla frente a los efectos de la violación que respeta, a su vez, el derecho a la vida del ser humano todavía no nacido. El Estado, como garante de la ley, no debería obligar a ejercer la maternidad más allá del parto cuando se ha sido víctima de una violación confesa, aunque debe apoyar con los medios a su alcance, a la mujer que libremente deseara asumir la vida gestada una vez nacida, lo cual es posible que suceda. No obstante, una violación es un acto tan grave y con consecuencias previsiblemente traumáticas, que tambien es posible que en el caso de existir medios abortivos a su alcance, la mujer no soporte la situación injustamente provocada por la violación y elimine el ser que ha comenzado a concebir en contra de su voluntad y que de traerlo al mundo pudiera atarle a una relación respecto a su agresor, que no dejaría de ser el padre de su hijo. Ciertamente, un ser concebido por efecto de una violación es inocente del modo en el que ha venido a la vida, pero no es fácilmente separable para la mujer que lo concibe en contra de su integridad. Es posible por tanto que la víctima ponga su integridad en este caso en primer lugar tal y como ella la entiende mientras que lo contrario puede exigir una vivencia heroica del altruismo. La garantía por parte de las leyes del Estado de entregar la vida nacida en adopción, mitigaría una drástica salida al sufrimiento de la víctima y protegería la vida del no nacido, permitiendo destensar en la medida de lo posible la situación de la mujer que ha quedado embarazada como consecuencia de una violación.

En cuanto a la postura que defiende radicalmente el derecho de la mujer a ejercer la legítima defensa frente a los efectos de una violación, debe poner más atención, en los derechos que tiene toda persona humana a la vida en sus diversos estados biológicos, aunque esta sea efecto de un muy grave hecho como es la violación, el cual no obstante requiere estatuto propio jurídico. Aparte de ser el efecto no deseado de una violación, la vida gestante, lo mismo que la mujer, es también una víctima. El violador ha condicionado forzosamente la vida de dos personas, una que ha engendrado, y otra ya existente. Asumiendo que el ser humano que ha sido gestado debe ser protegido al menos en su derecho básico de seguir conservando la vida, puede construir puentes de entendimiento con la postura que está radicalmente en contra de su modo de entender el derecho a la legítima defensa. El acercamiento de las dos posturas, por último, permite atender mejor a la mujer que ha quedado embarazada como consecuencia de una violación, así como a la vida personal que ha sido gestada. Pese a ello, al tratarse de un caso límite, entregar en adopción después de su nacimiento al ser que ha sido concebido por efecto de una violación, no supone necesariamente una solución del todo satisfactoria para las posturas enfrentadas en esta cuestión, sino sólo parcial.

3.- RESPUESTA ANTE EL SUFRIMIENTO. UNA SOLUCIÓN IMPERFECTA ES UNA SOLUCIÓN.

A modo de despedida, puede subrayarse que los casos-límite se caracterizan por ser tipos específicos de problemas éticos. Detrás de los casos-límite, reside muchas veces el problema del sufrimiento, al que generalmente los dilemas éticos remiten. La respuesta ante el problema del sufrimiento es, en este sentido, una solución parcial a los casos-límite que, como su nombre indica, no pueden siempre alcanzar satisfacción en el plano de la lógica, del razonamiento, ni aún de los hechos. Son casos-límite porque la contradicción ética, subsiste pese a la respuesta dada. Con todo, es muy diferente dar una respuesta parcial, que no dar ninguna respuesta. Aunque el sufrimiento no sea plenamente superable, el alivio es una respuesta necesaria y verdadera, que debe guiar las propuestas de las posturas enfrentadas. En los casos-límite, las posiciones radicalmente opuestas tienden a centrarse en al menos uno de los dos principios éticos que están en pugna, corriendo el riesgo de no abordar con toda la energía que se requiere la cuestión del sufrimiento. El problema del sufrimiento es siempre un problema real, concreto, de alguien. La respuesta al mismo debe combinar la línea de la acción con el discurso moral, teniendo en consideración que este último gana legitimidad en la medida en que está avalado por una respuesta activa, y que esta es asumible cuando tiene detrás una reflexión sincera.


 


 


 


 


 


 


 

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