David Sánchez González

hace 4 años · 4 min. de lectura · visibility ~100 ·

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A L I E N, un clásico muy actual...

A L I E N, un clásico muy actual...

Producción: Ivor Powell, Brandywine, Twentieh Century Fox, 1979

Dirección: Ridley Scott.

Guión: Ronald Shusett y Dan O´Bannon.

Cinematografía: Derek Vanlint, en Panavisión.

Montaje: Terry Rawlings.

Música: Jerry Goldsmith; mús. Adicional: composiciones de Howard Hanson, Mozart y del propio Goldsmith, de “Freud”.

Dirección artística: Michael Seymour, Les Dilley, Roger Christian.

Efectos visuales: Brian Johnson, Nick Allder, Carlo Rambaldi, Dennis Ayling, H. R. Giger (Oscar).

Bueno, comienzo mi andadura con una de las obras magnas del cine del ya lejano 79; a estas alturas poco o casi nada nuevo se podrá decir, pero la experiencia indica que muchas veces las mismas cosas pueden tener distintos enfoques, y a nosotros nos interesa el tema laboral que es lo que importa. El argumento, de todos conocido, narra la rutinaria travesía de un carguero comercial y su hibernada tripulación (con gato incluido), que interrumpe su ruta al advertir de una desconocida transmisión que les obliga al rescate de una extraña nave alienígena atorada en un planetoide olvidado e inhabitable. Al poco tiempo, un extraño organismo adherido al rostro de uno de los exploradores, y de extraño comportamiento (el famoso “abrazacaras”), deja en coma al personaje encarnado por el inolvidable John Hurt, y da paso a una de las más desagradables y perturbadoras escenas al “alumbrar” a una parasitaria criatura de imprevisible ciclo vital, y voracidad sin límites, salida de la perturbada mente de H. R. Giger, y de los terroríficos y oníricos relatos de Lovecraft y C. A. Smith.

A partir de entonces, la nave en forma de castillo pasa a convertirse en un relato detectivesco, de juego del ratón y el gato, donde toda la tensión laboral y estrés acumulado de la tripulación queda en agua de borrajas, al trabajar en equipo – obligado – para destruir a la criatura. Pero ahí no acaba todo, y siguen sucediendo cosas.

En plena eclosión galáctica a finales de los 70, se decidió apostar por el terreno de la ciencia ficción, con magníficos resultados, si bien el argumento bebe de fuentes citadas anteriormente, y de otras películas de serie “B”(la italiana “Terror en el Espacio”, o “Reina de sangre”, de Curtis Harrington, o “el enigma de otro mundo”, de Christian Niby, por ejemplo…). Hasta aquí el primer logro, ya que nos cuentan una variante de una historia que ya conocemos, o que, de forma subliminal, recordamos en el inconsciente; de hecho, películas posteriores como “La Cosa”, toman como punto de referencia a ésta (y de paso, le dan trabajo al gremio de maquilladores y efectos…).

La película empieza con la tensión entre el grupo de ingenieros, los que trabajan en las zonas oscuras con la maquinaria de la nave, y la parte más técnica (pilotos, médicos, altos rangos), con los que existe un continuo roce o pique de “cobran más que nosotros”, “nunca bajan aquí”, “está usted sentado en mi sitio”, “esta es una nave comercial, no un equipo de salvamento (¿me lo van a pagar aparte si lo hago?)”. ¿No sucede eso en muchos trabajos? Gran acierto que provoca empatía y cercanía de la historia al espectador.

Al final, al estólido personaje maquinista de Yaphett Kotto, le restriegan por el rostro tanto las normas de la “Compañía” como el Convenio Colectivo, de que, si no obedece, habrá “pérdida total de emolumentos…”. Hace gracia cómo se tiene que morder la lengua con forzada sonrisa.

Otro aspecto que nos encontramos en la convivencia diaria en los trabajos se refleja en la sexuada tensión entre el médico (que parece saber más de lo que aparenta), y el segundo oficial al mando (?), Sigourney Weaver, en uno de sus primeros y afortunados papeles, quien no logra imponer su autoridad, por el defecto de querer seguir las normas – de cuarentena, una de ellas - ya que el otro sí la manifiesta, según sus criterios).

Con el parásito ya introducido, pero no revelado, en la nave, la joven tiene otro “rifi-rafe” con el primer oficial: “¿Desde cuándo son así las cosas?” – “La Compañía hace que sean así las´cosas´”, o “Mira, yo lo único que quiero es salir de aquí cuanto antes…”.

Demasiado tarde.

No nos tocará trabajar con androides encubiertos de doble rasero, aunque algo parecido me he llegado a encontrar, pero interesante es hacer ver que esa autoridad no es algo que nos dan, se debe de reflejar, no en el sentido déspota, aunque en ocasiones haya que tomar decisiones desagradables (“vamos a arrancárselo de la cara”, “a partir de ahora yo hablaré con “MADRE”…”, el ordenador central…).

Con la criatura deambulando por cualquier rincón y sucediéndose las muertes (bajas) del equipo, en una reunión tensa se llega a insinuar si se echa a suertes el escapar de allí como sea; ya no se piensa con claridad, a gritos, con rostros desencajados, ni convenios ni nave ni dinero: Lo importante es salvar la vida. Una situación extrema (que hace refinar aún más la personalidad de la joven oficial, “sellaremos todos los conductos hasta expulsarlo al espacio”).

Esas tensiones en el mundo laboral deben sacar lo mejor de nosotros mismos, y no perder la compostura. Aunque, a veces, muy difícil es… Despidos, broncas, muertes cercanas, problemas personales, piques, etc.

Como las cosas no podrían ir peor, revisando las órdenes ocultas de la Compañía, a través de “MADRE”, se descubren los intereses ocultos de la empresa, que tenía trazado un plan mayor de atrapar a la criatura como fuere; “TRIPULACIÓN SACRIFICABLE”, nadie es imprescindible…

Esto sigue siendo una verdad indiscutible; no es que nos vayan a matar, pero sí dejarnos en una situación total de desamparo laboral que pudiera desembocar en tragedia.

Son palabras que destrozan el corazón y ánimo de la joven, en inconsolable llanto (con agresión posterior incluida).

Decididos a huir y destruir la refinería (ya no se puede hacer nada), la joven pasa por alto que el organismo aún sigue activo hasta el final. No se puede razonar con él, es implacable, misterioso, sin moral, e inteligente. Más muerte y destrucción. Al final se queda sola, flotando en la cápsula en el espacio… Pero no está sola.

La criatura ataca con su mejor arma: la supervivencia. Mimetizado su aspecto biomecánico entre el decorado de la nave, la joven logra respirar hondo, piensa, se sienta tranquila en la consola de mandos, provoca a la criatura con vapor caliente casi a su lado, y logra expulsarla por una escotilla a duras penas, y alejarla con los motores. Presumiblemente no ha logrado matarla, pero ha pasado el peligro, y comienza la incertidumbre (“con un poco de suerte, alguna patrulla me localizará…”). Puede que la criatura esté ahí afuera, pero formará para siempre parte de sus pesadillas en su cabeza.

Una escena muy deudora de "2001", pero a la inversa...

La vida laboral no deja de ser un papel. Pero quien tenga la oportunidad de obtenerla y examinarla de vez en cuando por internet o correo (es recomendable, siempre, y a partir de cierta edad…), verá cómo muchos recuerdos de situaciones laborales y personales vienen a la mente. Y quizás esos períodos de reflexión nos ayuden mucho a cambiar nuestra personalidad, modo de vida, reorientar nuestras habilidades, o descubrir que quizás muchas de esas cosas importantes, no lo eran tanto.

Éxito comercial y muy cercana, sigue dando guerra todavía, y muchos argumentos filosóficos y psicoanalíticos. Seguiremos pues, aprendiendo de ella. Cuidado con la oscuridad…

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