Luis Alberto Bandeira Machuca

hace 2 años · 3 min. de lectura · visibility 0 ·

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69 días falsos.

Más falsos que Judas…

Por si alguien creía que en la Europa de arriba son más honestos que en la de aquí abajo, resulta que no. Todo fue una burda mentira. Demasiado bonita para ser verdad.

Lo proclamaron a los 4 vientos: en Sommar, al norte de Noruega, han decidido prescindir del reloj. Ese artilugio del que no podemos sustraernos en otras partes del mundo para no llegar tarde a nuestras vidas. Parecía sensato que en esa pequeña isla de apenas medio kilómetro cuadrado se decretase que el tiempo, como tal, no existe.

Los poco más de 300 habitantes de la población del Círculo Polar Ártico ni tan siquiera tienen que coger un medio de transporte para desplazarse a donde nunca pasa nada. Su existencia transcurre pacíficamente las 24 horas a pleno sol o en total oscuridad, dependiendo del momento del año.

Ya sea porque el día se prolonga indefinidamente y la luz natural lo inunda todo o por la oscura e interminable noche ininterrumpida… Por una u otra razón, en esas latitudes los interruptores de la luz se usan muy poco.

La actividad en la isla se desarrolla con tanta placidez que consideran un estorbo que esté pautada por los relojes. Razón por la cual nos hicieron creer que iban a acabar con la tiranía de las agujas y prescindir de ellos por considerarlos innecesarios. Lo que es vital para muchos ejecutivos agresivos en otras partes del planeta, resulta un estorbo por aquellas latitudes.

Sommar (Sommarøy en noruego; de "Sommar", que significa "verano", y "øy", "isla") disfruta en esta época del año de escenas inéditas a altas horas de su soleada madrugada. En mitad de la noche, eso a lo que la gente de una ciudad normal podría llamar 2 de la mañana, pueden verse niños jugando al fútbol, gente pintando sus casas o cortando el césped y adolescentes nadando.

Kjell Ove Hveding es el responsable de la iniciativa de matar el tiempo contenido en el reloj. Es un vendedor falso. Algo así como un encantador de serpientes, que se ha entregado en cuerpo y alma a los intereses de la industria turística.

Se lo creyó todo el mundo (o casi): “nuestro objetivo es proporcionar la máxima flexibilidad, 24 horas al día y siete días a la semana. Si quieres cortar el césped a las cuatro de la madrugada, hazlo". Y es que las falsedades que estamos deseosos de abrazar son mucho más fáciles de vender.

Hasta el acto simbólico de la anulación de los horarios estaba perfectamente perpetrado. Se proponía a los visitantes que colgasen sus relojes de pulsera en el puente que separa la isla del resto del municipio al que pertenece.

Se trataba de un gesto a imitación de los que se llevan a cabo en otros países donde los turistas dejan candados. Si en unas ciudades es para significar su paso por el lugar, o para hacer votos amorosos, en Sommar significaría desprenderse de todo compromiso horario.

Algunos de los relojes de pulsera penden ya del pretil del puente. O pendían, Porque detrás de una mentira fácilmente viene otra. Tal vez los inocentes que los abandonaron allí ya no puedan recuperarlos (si es que vuelven) porque un gobierno espabilado ha hecho negocio revendiéndolos.

La idea estaba muy bien montada. El pirata Ove llegó a anunciar incluso que solo faltaba dar el salto legislativo y presentar la iniciativa en el Storting, el Parlamento nacional.

Cuando la población se acerca al ecuador de los 69 días de casi plena luz anual, algunos residentes de la isla siguieron sin creérselo del todo. Malin Nordheim, recepcionista de un hotel local explicaba sus dudas: "creo que la idea es emocionante, pero también soy un poco escéptica. Será un desafío para los huéspedes en cuanto a los horarios de registro de entrada y de salida o los de apertura del bar y el restaurante". 

Los malos no engañaron a Malin. Sus sospechas eran más que fundadas. Y por una sencilla razón: de prosperar la iniciativa, habrá que ver cómo se aplica cuando tras el verano vuelvan las clases escolares y, andando el año, 69 días con sus 69 omnipresentes y negras noches.

Todo ha resultado ser una campaña de publicity -publicidad vestida de noticia- perfectamente diseñada que se le ha ido de las manos al Gobierno noruego. En realidad, la noticia era un montaje de INNOVATION NORWAY y VISIT NORWAY, dos organismos públicos cuya misión es fomentar el turismo en el país.

Una vez descubierta la descomunal mentira, no han tenido más remedio que pedir disculpas a través de un comunicado: "todo nació de una propuesta nuestra de lanzar una campaña. La gente de Sommarøy se mostró entusiasmada y quiso participar”.

Lo problemático fue no dejar claro que estábamos detrás y que no era una iniciativa de los vecinos", dijo hoy Kjetil Svorkmo Bergmann, portavoz de la agencia estatal de Innovación y Turismo. “No queríamos engañar a nadie”. Uffff…¡Menos mal! Que si llegan a querer…

Según han revelado NRK, la televisión pública, y AFTENPOSTEN, el principal diario del país, INNOVATION NORWAY invirtió 50.000 € en relaciones públicas, tanto en Oslo como en Londres, para dar a conocer Sommarøy como el pueblo que quería eliminar el tiempo.

La estrategia fue todo un éxito: unos 1.500 medios en todo el mundo se han hecho eco, lo que equivale a un valor aproximado de 13 millones de $ en publicidad gratuita, según cálculos de una agencia noruega.

En realidad la diferencia con el resto del planeta es que por allí llaman “time free zone” lo que en cualquier otro lugar del mundo son vacaciones. El pueblo sin tiempo parecía un cuento. Y, en efecto, lo era.

¡La de credibilidad que se da a las mentiras impresas!

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https://elpais.com/internacional/2019/06/18/mundo_global/1560882835_445270.html

https://tugranviaje.elindependiente.com/viajes/sommaroy-la-isla-del-verano-donde-no-existe-el-tiempo/

https://blogs.elconfidencial.com/espana/segundo-parrafo/2019-07-01/noruega-isla-sin-tiempo-noticia-falsa_2098638/

https://www.eleconomista.es/internacional/noticias/9970400/07/19/Sommary-la-isla-en-contra-del-tiempo-que-resulto-ser-una-campana-publicitaria.html

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Comentarios

(Nacho) Ignacio Orna

hace 2 años #1

Es evidente que la gente se aburre y ya no sabe como marear la perdíz.

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